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Los profesores dicen "sí" a la adaptación y "no" a la censura

Los profesores han cambiado su visión del libro de texto. Ya no es la referencia de lo que hay que saber al pie de la letra tanto como una herramienta pedagógica más en la que apoyar las clases. Están de acuerdo en que los textos son cada vez más participativos y menos teóricos. Partiendo de esta idea común, cada uno tiene su punto de vista sobre las correciones o cambios en los manuales.La mayoría se muestra a favor de que los textos se adapten al entorno próximo de los alumnos para facilitarles el aprendizaje, pero con tres matizaciones claras: una, que la adaptación no encubra una censura de contenidos o una reorientación ideológica; otra, que el mejor conocimiento posible de lo más cercano no suponga ignorar lo más general, y la tercera, que no se caiga en localismos exagerados.

Mercedes Madrid, catedrática de bachillerato en Valencia, lo explica con un ejemplo muy claro: "Que se empiece por enseñar al niño el río de su pueblo, pero que luego se le enseñen los ríos de su comunidad, de España, de Europa y lo que haga falta".

Carles Mascaró, profesor de ESO en Barcelona y autor de dos manuales de religión, dice que en el pasado su principal preocupación era que los estudiantes dispusieran de libros en catalán, pero añade que el libro es sólo un apoyo para las clases y que ahora él deja a cada alumno elegir el que prefiera.

Begoña Gezuraga, profesora de primaria en Bilbao, considera una obligación de cada comunidad autónoma recoger en los textos escolares lo que la diferencia de otras comunidades, siempre que no se olviden valores fundamentales como la interculturalidad o el respeto por las minorías.

Parecida opinión tiene Enrique Sánchez, director del colegio Calasancio de Madrid, quien está a favor de la intervención en los libros cuando sirva para "acercar al alumno con un lenguaje claro la realidad de su entorno inmediato, por dura que sea".

Elegir los textos

Otro punto de acuerdo entre los profesores es que debería tenerse más en cuenta su opinión. "No me parece bien que sean los que han dejado la tiza quienes adapten los textos, porque los más implicados somos los profesores", dice Carmen Martínez, del Instituto Las Llamas, de Santander.Algunos de los criterios que siguen los profesores al elegir los textos que luego recomiendan a sus alumnos son que se adecuen al temario oficial, que estimulen las ganas de saber o que les resuelvan situaciones prácticas en clase. Pero pocos son los que incluyen el precio entre sus criterios de elección.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de octubre de 1999