El historiador y los matices
Javier Tusell, elector en dolorosa busca del centro perdido, reconoce en su artículo del pasado martes 21 de septiembre, Aznar no se llama Adolfo, que "cualquier historiador matizaría muchísimo la declaración de la Comisión de Exteriores acerca del estallido de la guerra civil".Pues matice, profesor, matice (valga el ejemplo de Miguel Ángel Aguilar, Los exiliados son nuestros, el mismo día), porque nuestra historia, la de España, que usted tan bien conoce, está ayuna de matices y atiborrada de simplificaciones de uno y otro signo. Al fin y al cabo la verdad histórica, tan necesaria siempre, es cuestión de matices y no de silencios mejor o peor administrados.
Quizá el centro político, indefinible en su vocación de equidistancia, sea más un matiz que una doctrina; nunca una bula. Un matiz que se traduce en la tolerancia, no la permisividad, como actitud o estilo personal, y en el diálogo sin fronteras ni exclusiones como pauta de conducta, y, sobre todo, en la generosidad, que es el rasgo inconfundible del auténtico liberalismo, centro ideológico donde los haya.
Tengo en gran estima intelectual a don Javier. Por eso me sorprende su ironía agresiva, casi siempre en una dirección, y su audacia "codornicesca" (si se me permite esta licencia evocadora del lema de La Codorniz) que busca la complicidad del "lector más inteligente" para compartir la misma viñeta.- .


























































