Risa del pecado nefando
Dos sainetes desmesurados de Francisco Nieva, con toda la libertad de lenguaje y de situación que le caracterizan y, naturalmente, con todo el brillo de su lenguaje. El primero es un diálogo de dos frailes que van de camino: el mayor, que enseña al neófito el placer que puede encontrarse en el falo y su manejo si se es hábil y es intenso, tanto en la soledad como en su introducción generosa, enérgica y palpitante en algún acogedor orificio que puedan tener otros hombres, aunque el diseño original le atribuyese otras funciones. El título Los viajes forman a la juventud explica su carácter didáctico. El segundo sainete es el de los monstruos, incluyendo el de Frankenstein: es Las aventuras menudillas de un hijillo de puta, y el hijillo también sale a escena, con la mujer odiosa, y también hay culto al falo.No sé por qué me parecen estos dos repentes unos sainetes del castizo solaz del sexo. Los tres actores hacen muy bien sus papeles: Ángeles Espinosa de los Monteros se encarga, además, del prólogo y de un collage de poesías espirituales y aproximadas. No sé, porque no se dice, si este poema cómico, obsceno y sacrílego tan infantil es obra de Nieva, del director Simón -que ha resuelto bien la forma de narrar esas cosas- o de la singular actriz.
De frailes y monstruos,
De Francisco Nieva. Intérpretes: Ángeles Espinosa de los Monteros, Javier P. Acebrón, Ángel Savín. Dirección de escena: Adolfo Simón. Sala Pradillo. Madrid.
Levantó en el estreno alaridos de risa de los espectadores. Eran en su mayoría chicos y chicas muy jóvenes, para quienes supongo que este espectáculo es sano y tranquilizador, por lo que tiene de desmitificador del "pecado nefando", que se decía en peores tiempos. Ya se sabe que la risa no es sólo expresión de alegría y comicidad, sino también una actitud para asumir expresiones o situaciones sexuales o escatológicas


























































