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Sólo daba órdenes

Desde su arresto en octubre, Pinochet no había concedido ninguna declaración a la prensa británica. Había delegado en sus apologetas —Norman Lamont, Margaret Thatcher, Geoffrey Howe para defender el caso. El domingo rompió su silencio concediendo una entrevista al director del Sunday Telegraph (...) Hubiera sido preferible que le aconsejaran permanecer callado. No muestra arrepentimiento, contrición o mala conciencia. No reconoce motivos para su arresto ni acepta los tratados internacionales. (...) Rechaza cualquier implicación en la tortura de adversarios políticos, en el incumplimiento de los derechos humanos y proclama la injusticia de su detención. Sus instintos totalitarios quedan en evidencia cuando se pregunta por qué si iban a detenerle no le avisaron con tiempo suficiente para escapar. La igualdad ante la ley, defendida incluso por Margaret Thatcher, es un concepto ajeno al dictador. (…) Preguntado por las declaraciones de un antiguo responsable del sistema represor, que reconoció la autorización de Pinochet para todas las operaciones, afirma: "Es difícil responder, porque yo ordené muchas cosas". (…) Pinochet recurre a la vieja excusa de los tiranos, "carecía de tiempo para supervisar las acciones ajenas". No son las arrogantes respuestas de un truculento dictador, más bien las quejosas excusas de un déspota puesto en evidencia. El general lamenta no haber tenido un juicio. Evidentemente, hasta ahora se ha tratado sólo de una cuestión jurisdiccional. (...) Si realmente desea un proceso, debería paralizar todas sus apelaciones.

19 de julio.

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