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58º FERIA DEL LIBRO DE MADRID

"Cada vez envidio más a los poetas"

Un total de 340 libreros y distribuidores presentes en el paseo de Coches del Retiro madrileño aceptaron el reto de responder una encuesta, no comercial, de la editorial Ópera Prima sobre Los diez libros más queridos de todos los tiempos. Las respuestas ofrecieron una gran diversidad con un total de 1.500 títulos barajados. La lista la encabeza El Quijote, seguido de Cien años de soledad, El principito, El señor de los anillos y best sellers como Los pilares de la Tierra, El ocho y El médico. La Feria del Libro de Madrid entra en su último fin de semana y dos autores presentaron ayer sus novelas. El portugués Antonio Lobo Antunes habló de Esplendor de Portugal y la catalana Núria Amat explicó El país del alma.

, "De literatura no hay mucho que decir, ¿no? Mejor hablar de mujeres y de fútbol", arranca diciendo Antonio Lobo Antunes. El escritor portugués ha venido a la feria para promocionar su última novela, Esplendor de Portugal, una visión oscura y fascinante de la desintegración del imperio colonial que ahora llega a la segunda edición (Siruela). Mañana firmará ejemplares en el Retiro. Aunque no le gusta demasiado la idea, cree que es un deber expresar su gratitud a los lectores, "que le roban tiempo a la televisión, el perro y los niños, se gastan el dinero en un libro y además lo leen".Ésta debe ser la sexta entrevista que da esta mañana y se le nota cansado. Pero en los siguientes 45 minutos no para de hablar. Sobre todo, de literatura. "Aunque todos los autores que me gustan les gusta o les gustaba la vida, el fútbol, las mujeres. A Sábato, a Cardoso Pires... O a Cortázar. Estuve dos o tres veces con él y nunca hablamos de literatura".

También habla de sí mismo. Con sinceridad aparente, sin petulancia, cuenta que lleva un "annus horribilis", lo detalla y advierte que estas tragedias personales no son dignas de publicar: "La vida privada es sólo para los amigos".

El doctor Lobo Antunes ama sobre todo la amistad, "más incluso que el amor: entre amigos no hay celos". ¿Y fue amigo de Saramago alguna vez? "No, la amistad es más seria. Para toda la vida. Lo conocí, me dejó de hablar un día y desde entonces sólo habla mal de mí. No entiendo tanto odio. Si hablo de él, aunque no me gusta atacar a nadie, es porque tengo derecho a decir qué literatura me emociona".

La mayor alegría, explica, es descubrir nuevos autores, "encontrar ese encantamiento que tienen los libros aunque sean desesperadamente tristes". Y se le ve gozar, dentro de su melancolía natural (más gallega que portuguesa, dice: "Me amamantó una gallega, mamá Alicia"), cuando habla de los autores que le tocan el corazón: Tolstói, Chéjov, Cernuda, Salinas, Hemingway, Scott Fitzgerald..., "gente que conocía el sentido ético de la literatura y de la vida. Gente de una integridad, una fidelidad a la creación y una honestidad muy raras".

A los autores que no le conmueven, Lobo Antunes los llama los "buenos-malos" y los define así: "Son previsibles, nunca te sorprenden, no intentan caminos nuevos, repiten hasta el fin la fórmula del éxito si la encuentran y no ven el oficio como un desafío, como una manera de ir más lejos que los lectores y de uno mismo".

El nombre de Cela surge enseguida: "Es indudablemente un prosista bueno, con oficio pero, aparte de informar a la policía, ser censor e insultar a Lorca, no ha aportado nada nuevo a la literatura". El autor de Manual de inquisidores está muy agradecido a España, que le ha acogido, dice, con "generosidad inteligente". "Decían que aquí no existía, que era el país de Saramago, pero he visto que los españoles son orgullosos y no se ponen de rodillas ante nada. Los críticos me han leído con nobleza, ejerciendo su oficio con afecto y distancia, no sólo usando adjetivos elogiosos sino tratando de comprender el fondo de mi trabajo".

En Portugal y Francia, Lobo Antunes vende por encima de 80.000 copias. En Alemania, sobre 150.000. Y sabe que aquí nunca será un best-seller. "No me importaría serlo, aunque es peligroso: te puede pasar como a Eco, que la gente lo compraba para tenerlo en casa".

La ironía no esconde que él es lo contrario de un vendedor. Poco o nada mediático, misterioso y contradictorio... Y cada vez envidia más a los poetas. "Cada palabra tiene para ellos una importancia capital, espiritual, y además no tienen ni que vender...".

A su estilo artesano, él construye despacio su escritura difícil, sus estructuras complejas, sus personajes negrísimos, casi devastadores... "Si es que no sé hacer diálogos. Sólo soy un obrero de la literatura. Aunque el lado obrero es muy importante, porque en literatura el trabajo te da todo y el talento vale poco. No hay muchos secretos en esto, salvo tener mucha humildad y un poco de coraje para los momentos de desánimo, que son muchos. La vida es una mierda. A veces".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 11 de junio de 1999

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