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La Embajada china aglutina la ira de Belgrado

La capital yugoslava se moviliza ante el ataque sin precedentes a una legación diplomática

, Belgrado
"Provocación", "crimen de guerra" e incluso "apocalipsis mundial" son las palabras de condena pronunciadas en Moscú y Pekín tras conocer el bombardeo por la OTAN, en la madrugada de ayer, de la Embajada de China en Belgrado, en el que murieron cuatro personas. Javier Solana, el secretario general de la OTAN, reconoció el "trágico erro", pero advirtió de que los ataques seguirán adelante. Reunido con carácter urgente, el Consejo de Seguridad de la ONU expresó su "consternación". Aunque con menos intensidad que en la madrugada del sábado -la peor noche de bombardeos sobre Belgrado desde el 24 de marzo-, la lluvia de misiles aliados continuó ayer sobre Serbia, en especial sobre Nis.

ENVIADO ESPECIALLlevaba la frente ensangrentada y la herida en el brazo derecho era visible a través de su camisa desgarrada. Sus gafas habían perdido un cristal. "Cayeron tres misiles. No sé cuántos han muerto adentro. Hay muchas personas atrapadas; por favor, vengan a ayudarnos". El diplomático hablaba con desesperación, su rostro iluminado por las llamaradas que se alzaban desde el segundo piso de la Embajada de China en el barrio de Nuevo Belgrado. Habían transcurrido sólo pocos minutos desde el primer ataque de la OTAN en los primeros minutos de ayer, la jornada más violenta desde el lanzamiento de la ofensiva contra Yugoslavia hace seis semanas.

"Éste ha sido un ataque contra la República Popular de China", afirmaría instantes después el embajador Pan Zhanlin, conmocionado. El Gobierno de Milosevic calificaría más tarde el bombardeo de la embajada de "crimen deliberado, encaminado a aterrorizar y eliminar de la manera más cruel a las representaciones diplomáticas que trabajan en Yugoslavia y son testigos diarios de los crímenes cometidos contra un país soberano y sus ciudadanos". El propio Milosevic envió un mensaje de condolencias al presidente chino, Jiang Zemin.

Pero por entonces el embajador contemplaba su legación con incredulidad: el edificio de cinco plantas había perdido prácticamente todo un flanco, las losas de mármol de su fachada habían quedado hechas añicos, no se había salvado una sola ventana y en el estacionamiento ardían tres coches. Intacta, la bandera roja ondeaba desde un mástil que se estremecía con las numerosas explosiones que retumbaban en la castigada capital yugoslava.

Las malas noticias se conocieron sólo horas más tarde. Por lo menos cuatro de las treinta personas que se encontraban en la legación perecieron en el acto. Otros dos permanecían aparentemente atrapados entre los escombros. El número de heridos se elevaba a 20, cinco de ellos graves, incluyendo el agregado militar. En Pekín se confirmó que entre los muertos figura Shao Yunhuan, corresponsal de la agencia china de noticias Xinhua.

Fogonazos y alarmas

Todo comenzó al filo de la medianoche del viernes. Como casi todas las noches, la electricidad se había cortado alrededor de las diez. Ocasionalmente, sólo las balas trazadoras de las baterías antiaéreas iluminaban fugazmente el cielo en su trayectoria a ninguna parte. Luego comenzaron las explosiones, y los fogonazos recortaban nítidamente la silueta de los edificios. Belgrado temblaba.En el trayecto a la embajada atacada tronaron otras dos explosiones cercanas. A unos quinientos metros de la legación china ardía el hotel Yugoslavia. Nuevas andanadas de cohetes se abatieron sobre las ruinas del Estado Mayor del Ejército, la sede del Gobierno serbio y los ministerios de Defensa e Interior, todos éstos ubicados en la otrora señorial avenida Knez Milosa. Ayer, esa vía era una cicatriz urbana con transeúntes sombríos, árboles mutilados y aceras cubiertas de escombros y cristales rotos.

Los ciudadanos que camino de la compra (millares de personas han comenzado a aprovisionarse de comida, agua, velas y más rollos de cinta adhesiva para sus ventanas) inventariaban los destrozos, contemplaban estupefactos los edificios gubernamentales. "Maldita OTAN", masculló una señora que acarreaba una caja de cartón repleta de trozos de vidrio. Las explosiones en Knez Milosa han causado otra vez daños en un radio de 300 metros a la redonda, incluyendo el Ministerio de Asuntos Exteriores, justo frente al Estado Mayor, reducido desde hace un mes a una especie de esqueleto de hormigón machacado y ennegrecido. Aparentemente, la OTAN quiere pulverizarlo.

Centenares de personas se arremolinaban entretanto en las proximidades de la Embajada china para examinar los daños provocados por el nuevo error aliado, que ha desatado una grave crisis inesperada. Muchos de ellos se sumaron a una reducida comitiva de residentes chinos, que marcharon por el vecino puente de Branko, sobre el Sava, denunciando el ataque como un nuevo acto de barbarie. Iban precedidos por un joven con una gran bandera roja. Los automovilistas tocaban las bocinas de sus coches en señal de solidaridad.

Ayer por la tarde se producían 18 heridos, entre ellos cuatro periodistas rumanos, en los ataques de la Alianza contra puentes, depósitos de combustible, un repetidor de televisión y un cuartel en varias localidades del centro y sur de Serbia, y era alcanzado el consulado griego en Nis, aunque sin que en él se registraran víctimas.

Conjeturas

Mientras tanto, Milosevic decía que, a excepción de los bombardeos de la OTAN y de las actuaciones de la defensa antiaérea yugoslava (que según Tanjug derribó en la madrugada de ayer un avión sin piloto), no hay actividad militar alguna en todo el país, incluido Kosovo, y que se podía extraer alguna conjetura sobre las causas del error nocturno. Ubicada en un terreno abierto flanqueado por caros y modernos edificios de apartamentos sobre la llamada calle de los Cerezos, la misión diplomática está en las proximidades del hotel Yugoslavia, un enorme bloque de nueve pisos. Tanto el ministro británico de Exteriores, Robin Cook, como el secretario general de la OTAN, Javier Solana, habían reconocido que era uno de los objetivos militares del ataque de ayer, por entender que servía de cuartel general de los tigres, la temible fuerza paramilitar dirigida por Zeljko Raznatovic, Arkan, acusado de crímenes de guerra durante el conflicto de Bosnia y presunto organizador de la campaña de limpieza étnica en Kosovo.Vestido íntegramente de negro, con unas gafas enormes de sol, Arkan, uno de los hombres más buscados por el Tribunal de la Haya, se pavoneaba ayer entre los escombros del hotel, donde funciona uno de sus negocios más lucrativos, el Gran Casino Internacional, y donde su mujer, Ceca, una despampanante cantante pop, tenía hasta hace poco una tienda. "Dicen que este era el cuartel de los tigres", dijo con sorna, "pero sólo es un objetivo civil, como tantos otros golpeados por estos criminales de guerra de la OTAN, estos perros locos y descerebrados". Fuentes oficiales confirmaron que el hotel se hallaba vacío, ya que carece de electricidad y agua potable. El casino no está funcionando desde hace semanas. La única víctima fue un cuidador del establecimiento.

Algo que intranquilizaba un tanto a ciertos corresponsales extranjeros en Belgrado es que Arkan es uno de los más asiduos clientes del restaurante del hotel Hyatt Regency, sede improvisada de los periodistas. Según se desprende de las declaraciones de Cook y Solana, bien podría ser incluido en la lista de objetivos aliados. En definitiva, parece haber llegado la hora de acostarse vestido y con los zapatos listos para salir volando.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de mayo de 1999