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Al gusto de los "fans"

La mayor parte de la exposición está concebida al gusto de los fans. Se exponen fotografías, carteles, periódicos y otras reliquias, como vestidos de Coco Chanel o el Cesar que la artista recibió en Francia en 1979 por su actuación en Una historia sencilla, de Sautet. La protagonista de La mujer del banquero triunfó en París -asumió la nacionalidad francesa-, pero se sintió frustrada en su breve excursión a Hollywood, donde, sin embargo, tuvo la suerte de trabajar con Orson Welles en El proceso. Tanto admiraba a Welles que aseguraba que trabajaría con él incluso gratis. De Visconti afirmaba que era "el más grande", y de Sautet, su "director preferido".El culto a aquella mujer que fue desde su infancia un personaje público y se atrevía a exteriorizar sus lados más susceptibles se completa con cartas personales y fragmentos del diario íntimo. El pasado mes de marzo se subastaron en Viena, por más de 10.000 dólares, 14 de sus cartas personales, dirigidas en los años sesenta al director de las películas de Sissi, Ernst Marischka. Las cartas expuestas pertenecen en su gran mayoría a la periodista alemana Christiane Höllger, amiga de la actriz y coorganizadora de la muestra. En una sala oscura, el visitante percibe la agresión de los flashes de las cámaras de fotos y se escuchan comentarios de la estrella, que se lamenta de sentirse acosada por la prensa. Es el precio de la fama, la misma pesadilla que padeció la princesa Diana de Gales y también la emperatriz Sissi hace más de un siglo, antes de ser eternizada por Romy Schneider. Víctima de su propia contradicción entre sus ambiciones artísticas y su búsqueda de felicidad privada, Romy Schneider se entregó al abuso del alcohol y medicamentos, padeció amores infelices y, por último, la muerte accidental de su hijo David. Murió el 29 de mayo de 1982, a causa de "una disfunción cardiaca", según el parte médico. Vivió 43 años y 58 películas de cine.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 4 de mayo de 1999