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SEMANA SANTA 99ESCAPADAS BOLLULLOS PAR DEL CONDADO

Caldos atrayentes

La localidad onubense rentabiliza sus bodegas vitivinícolas y su gastronomía como reclamo turístico

Bollullos Par del Condado no tiene mar, ni monumentos, ni un paisaje especialmente hermoso. Ni siquiera cuenta con un castillo ni está en la sierra. Tampoco hay en esa localidad onubense, ubicada en plena llanura de la campiña, un hotel importante. Sin embargo, es un pueblo que reclama al turismo por donde muere el pez: por la boca. Bollullos se ha convertido en la capital de la gamba y del vino. Del comer y del beber. En una apuesta segura por la buena gastronomía. En la entrada desde la autovía Huelva-Sevilla, en lo que los bollulleros llaman la Travesía -una calle que cruza la localidad de norte a sur-, un barril de vino tiene un letrero. Dice: Bollullos. Todo un indicio. Enseguida el viajero comienza a toparse con bodegones, muy largos todos, con camareros alegres y vociferantes, con un clima de fiesta y olor a gambas. En esa calle se concentran unos 300 puestos de trabajo en el sector de la hostelería, en un pueblo que durante casi todo el año roza el pleno empleo. Hay seis bodegones en la Travesía, que a la semana vende cada uno 1.500 kilos de gambas y 1.200 kilos de chocos. Alguno incluso posee un barco de pesca a su disposición. En Bollullos se consume el 50% de los mariscos de la provincia de Huelva. Es un pueblo de paso, a unos 20 minutos en coche de Huelva, media hora de Sevilla y 15 minutos de la playa de Matalascañas. Sólo tiene un hostal, moderno, con 16 habitaciones, que casi siempre se hallan al completo. Pero Bollullos se ha convertido en núcleo visitado, de turismo de paso -gastronómico-, sobre todo de vecinos de Sevilla, dada su oferta vinatera y culinaria. Porque Bollullos es una zona vitivinícola de primer orden desde tiempos remotos, un lugar donde se producen actualmente 20 marcas de vino. Caldos jóvenes, transparentes, especialmente agradables para el paladar al tomarse fríos, que resultan ideales para acompañar al marisco. Esta localidad representa el 70% de la producción vitivinícola de la comarca del Condado, con la cooperativa más grande de Andalucía en volumen de almacenamiento de vino. Los bollulleros descubrieron hace tiempo que el vino es un reclamo excelente para el turismo. Por eso algunas de estas empresas han acondicionado sus instalaciones para las visitas de grupos de curiosos y gourmets, como es la caso de Bodegas Andrade, Bodegas Iglesias o Compañía Vitivinícola. Diariamente sus instalaciones reciben a varios autobuses cargados de curiosos. Además, en el plazo de dos meses estará concluido el Museo del Vino, ubicado en la Torre de los Vallejos, un edificio del siglo pasado que está siendo acondicionado para este menester. Allí se explicará a los visitantes el proceso de elaboración del vino, con el apoyo de diapositivas y proyecciones audiovisuales. Para que todo quede lo más claro posible, se invitará a cada turista a la degustación de cuatro copas gratuitas de vino del Condado. Los bollulleros tratan de promocionar el sabor de sus caldos a toda costa. Incluso el alcalde, Francisco Javier Camacho, jugó hace dos años de farol: aseguró públicamente que esos vinos proporcionan fertilidad. Y es que Bollullos puede presumir de que cuenta entre sus vecinos con los famosos sextillizos, los seis niños que el pasado 5 de diciembre cumplieron dos años de edad. Nacieron en el hospital Juan Ramón Jiménez de Huelva en un parto múltiple por cesárea que despertó interés en medio mundo. Fue un éxito. Burgueses emprendedores Pero no es Bollullos una localidad sin ningún atractivo. Tiene la iglesia de Santiago Apóstol, la parroquia de Jesús y una ermita. Y el Parque Natural de San Sebastián, una dehesa de alcornocales. Ahí es tradición que acudan los chavales del pueblo al término de la Semana Santa a comerse las tortas resobadas y el huevo duro. Cada niño parte el huevo duro en la cabeza de otro. Los bollulleros son personas de mentalidad burguesa, muy emprendedores, que disfrutan de una elevada renta per cápita, según ellos mismos se describen. Incluso se les llama los catalanes del Condado. Este pueblo, sin embargo, ha votado mayoritariamente en las elecciones municipales a Izquierda Unida desde 1979, cuando ganó el partido comunista con Diego Valderas al frente. "Tenemos una mentalidad inversora y dinámica. Cuando un vecino de este pueblo gana dinero con sus viñas, no se pone a arreglar el tejado de su casa para que quede más bonito, sino que compra un viñedo más. Arriesgamos. Siempre intentamos ir a más", señala Francisco Javier Camacho. A las tres de la tarde, los bodegones rebosan de público. Los camareros gritan: "Me falta una de gambas". Las cajas registradoras de los establecimientos, poco a poco, se llenan.

Mucho vino y poca tierra

Bollullos tiene un término municipal superpoblado: 13.000 habitantes repartidos en unas 4.000 hectáreas. Por eso los bollulleros, en su negocio ancestral -el vino- han tenido que invertir en otras zonas del entorno. "Hemos colonizado la comarca del Condado. Un 40% de los viñedos de Rociana, un 20% de los de La Palma y un 30% de los de Almonte pertenecen a gente de Bollullos", explica el alcalde Francisco Javier Camacho con orgullo. Una economía que cuenta con el vino como soporte importante. Incluso en los textos de historia se recoge así. El libro titulado Los pueblos de Huelva en el siglo XVIII, escrito por Juan Enrique Ruiz González, recientemente editado por la Diputación de Huelva, indica en un escrito de hace más de dos siglos: "El fruto más copioso, que sirve de principal nervio a sostener en la república de Bollullos, es el de las viñas, reducido a vinos y arrope, que la han puesto en una regular florescencia comerciándose con ellos a Sevilla, Cádiz y otras partes". Ya en ese texto se dice que Bollullos Par del Condado no tiene "ríos, laguna ni arroyo principal". Para comer son aconsejables los seis mesones, ubicados en la Travesía, entre ellos El Abuelo Curro. En todos ellos puede adquirirse vino de la tierra y cajas de fresas, otra de las producciones tradicionales de la localidad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 1 de abril de 1999

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