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Publicada una antología del poeta italiano Mario Luzi

Continuo candidato al Nobel de Literatura, el poeta octogenario Mario Luzi (Florencia, Italia, 1914) presentó, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, Antología de poemas 1932-98 (editorial Huerga & Fierro), la primera publicación en castellano de su obra.Para Luzi, que combina la doble faceta de poeta y ensayista, la filosofía y la poesía no pueden separarse. "Ambas al final se unen, aunque los recorridos sean diferentes. Las diferencia el lenguaje, que en el caso del poético no tiene parentela", manifestó Luzi. Para este escritor (amigo de Jorge Guillén), Leopardi fue el ejemplo de esa relación entre ambas disciplinas, y con él comparte sus reservas hacia la filosofía contemporánea frente a la presocrática.

Luzi, a quien la cultura española le fascina por su vitalidad y su carácter muy definido, opina que, si quiere captar algo del mundo, el poeta debe librarse de los límites de su individualidad. "Los grandísimos artistas como Miguel Ángel o Mozart al final de su obra terminan buscando lo que ni siquiera es su estilo, sino algo más primario, volver a encontrar la naturaleza". Luzi reivindica la naturaleza no en el sentido de regresar a ella, sino de introducir la forma mental en el dinamismo y las leyes que la regulan: "A menudo prevalecen en nosotros estados emocionales, mientras que el mundo es mucho más amplio respecto a nuestros juicios, y sólo la naturaleza puede aportarnos serenidad y equilibrio mental". Luzi opina que la felicidad no existe. "El deseo en sí puede dar muestras de alegría, pero es infinito y nunca llegará a la felicidad porque nunca es satisfecho".

En el momento actual se han colapsado las apariencias en las que se apoyaba el hombre y éste no se resigna a una derrota definitiva, según Luzi. "Y estoy de acuerdo con ello, la actitud de no rendirse, de no doblegarnos es amor hacia el hombre y no sólo es una concepción metafísica, es una opción afectiva y moral". Cristiano (pero seducido por Grecia y sus elementos paganos), Mario Luzi dice no temer a la muerte. Piensa que después "algo habrá, otra vida, porque ésta es eterna, la muerte es sólo un accidente".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 23 de marzo de 1999