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Reportaje:

El "test" del cine en catalán

La prueba del nueve de la rentabilidad del cine doblado al catalán se realiza estos días en cines de dos barrios de Barcelona: las multisalas Lauren de Gràcia y de Horta. En ambas se exhibe desde hace un par de semanas La vida es bella, de Roberto Benigni, en las dos lenguas. Se trata de una película que reúne todas las propiedades para experimentar con el asunto del doblaje: es previsiblemente taquillera y tiene un título que se escribe igual en los dos idiomas, salvo el acento en el verbo en catalán. Los datos de asistencia hasta ahora a una y otra versión son un misterio: Lauren asegura que el Departamento de Cultura les ha prohibido facilitarlos y en las oficinas de Joan Maria Pujals afirman que no los tendrán hasta dentro de dos meses. Ante la imposibilidad de obtener información oficial, EL PAÍS realizó el pasado viernes un test sin pretensiones estadísticas. La prueba se efectuó en la segunda sesión de la tarde -en Gràcia, a las 8.30 horas, y en Horta, a las 7.15-, y el resultado que arrojó fue el siguiente: en Gràcia, 84 personas eligieron el catalán, y 72, el castellano; en Horta, en cambio, hubo más espectadores en el filme en castellano, 67, mientras que sólo 40 optaron por el catalán. En ambos casos, la sala en la que se proyecta La vida es bella en castellano tiene mayor capacidad. En Gràcia, el aforo de la sala que la ofrece en castellano es de 222 butacas, y en la que se puede ver la película en catalán caben 191 personas. En Horta, la sala en la que se pasa en castellano tiene capacidad para 211 espectadores, y la otra para 116. En los dos multicines el comportamiento de las taquilleras fue idéntico en cuanto a los clientes que solicitaron una localidad para la película sin especificar el idioma: preguntaron al espectador la versión de su preferencia. En Gràcia, por lo general, quienes pidieron las entradas en lengua castellana también optaron por la versión en este idioma, mientras que la postura de quienes las solicitaron en catalán fue menos rotunda, ya que algunos eligieron ver el filme de Benigni en castellano. En franca minoría estuvieron quienes llegaron a la puerta del cine sabiendo de antemano qué versión querían ver. Este grupo solicitó las localidades citando el número de la sala y no el título de la película. En Horta, aunque el día que se realizó el test los espectadores se inclinaron mayoritariamente por el castellano, las taquilleras aseguraron que la asistencia está bastante equilibrada. Añadieron las empleadas que incluso hay quien ha visto el filme en un idioma y luego repite en el otro. También en Gràcia los empleados de Lauren comentaron que la demanda estaba equilibrada. "Si en la versión catalana se llena media sala, sucede lo mismo en la castellana, aunque el aforo de ésta es un poco mayor. También sucede que cuando se llena una de las dos salas la gente no tiene ningún problema para ir a la otra", explicó un empleado. Los argumentos que adujeron los espectadores en cuanto a su elección resultaron de lo más variados. En Horta, muchos catalanohablantes se inclinaron por el castellano "por costumbre" o "porque se hace extraño ver cine en catalán", según dijo una pareja. Varios de los encuestados demostraron tener muy claros los motivos de su decisión entre una y otra lengua, como una pareja instalada en los 60 años que prefirió asistir a la sesión en catalán: "¡Hombre! Es que somos catalanes". Y añadieron: "Vemos TV-3, nos hemos acostumbrado a ver películas dobladas al catalán y ahora nos gustan más". Un joven con aire de experto en la materia razonó: "Conozco a los actores de doblaje en castellano y me resultan más familiares". Otro joven -confirmando el comentario de las taquilleras acerca de que muchos espectadores repetían- aseguró que pensaba volver otro día. El viernes vio La vida es bella en castellano y tiene intención de verla de nuevo en catalán. Contó este espectador que había visto algunos cortes del filme en esta última lengua y que le habían despertado la curiosidad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de marzo de 1999