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El FMI obliga a los brasileños a apretarse aún más el cinturón

El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha sido implacable. Brasil deberá realizar un mayor recorte presupuestario y adelantar dos años la obtención de un superávit primario (ingresos menos gastos, excluidos los intereses de la deuda) del 3% del PIB como mínimo, que la deuda pública no supere el 46,5% del PIB y privatizar todo lo que pueda a partir de julio. Por su parte, el Gobierno brasileño pretende cerrar 1999 con una inflación menor al 10%. La ayuda del FMI no llegará antes de abril.

El ministro de Finanzas brasileño, Pedro Malan, se presentó ayer ante la prensa para dar detalles del acuerdo alcanzado en la noche de jueves con el FMI. Malan no habló rodeado de sus colaboradores, sino del equipo de técnicos del Fondo. El ministro confirmó que el FMI le exige que consiga para finales de este año un superávit primario, como mínimo, del 3% del PIB, aunque ayer se conoció que incluso podría exigir hasta un 3,5%. La meta anterior era del 2,6% para 1999 y del 3% para el 2001. Para lograr este objetivo, el presidente Fernando Henrique Cardoso privatizará todo lo que le queda en los sectores energético y financiero a partir de julio. Además, la deuda pública no podrá superar el 46,5% del PIB. Todo este esfuerzo es para que el FMI continúe desembolsando las ayudas para Brasil. Pero el segundo tramo no será enviado hasta por lo menos principios de abril, debido a los plazos que el propio Fondo necesita para aprobarlo. Lo que hasta el momento ha quedado fuera del acuerdo es la política monetaria. Si bien ha quedado establecida la libre flotación del real frente al dólar, no tan claro ha quedado el papel del banco central brasileño en el mercado cambiario. La destitución de Francisco Lopes como gobernador del banco tuvo que ver con esto. Lopes no intervino en defensa del real en el mercado de divisas el viernes pasado y, según sus declaraciones, el FMI le reprochó esto, pero al mismo tiempo, y según Lopes, el Fondo había indicado que el banco no debía consumir sus reservas en defensa del real.

Malan pretende finalizar 1999 con una inflación anual acumulada inferior al 10%, pese a que el FMI la ha calculado en más del 20%, al igual que muchos expertos brasileños. El ministro ha reconocido que, para mantener los precios y frenar la salida de capitales, los tipos de interés en Brasil pueden elevarse por encima del actual 41%. Con esta medida se agravaría la recesión económica en Brasil y crecería aún el déficit público, hoy superior al 8%, cuando la meta es reducirlo al 4,7% del PIB.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 6 de febrero de 1999

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