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DESAPARECE UNA LEYENDA DEL TOREO

Torero de época

El famoso matador de toros Antonio Ordóñez murió a las cinco y media de la tarde de ayer en Sevilla, como consecuencia de una larga enfermedad. Sus restos serán incinerados hoy en la mencionada ciudad y las cenizas esparcidas en la plaza de toros de Ronda, su ciudad natal. Nacido en 1932, se hizo torero a finales de la década de los años 40 y ya desde sus comienzos se le reconoció una categoría artística excepcional, ratificada en su alternativa el año 1951 y unánimemente reconocida hasta su retirada definitiva, que se produjo en la temporada de 1971. Hijo del Niño de la Palma, ésta dinastía torera tiene continuación en su nieto el matador de toros Francisco Rivera Ordóñez.

La Tauromaquia de Antonio Ordóñez se titulaba un curso que dictaron los filósofos Fernando Savater y Víctor Gómez Pin en el Círculo de Bellas Artes, de Madrid. El diestro asistió a la última jornada y cuando los confereciantes terminaron de glosar su categoría artística tomó la palabra y empezó diciendo: "Tras oir a estos amigos, que de toreo no tienen ni idea...".Era así Antonio Ordóñez: con un cáustico sentido del humor. Aunque no había nada hiriente entonces, pues se trataba simplemente de una broma, que hizo reir tanto al público como a los filósofos.

Antonio Ordóñez fue un torero de época, exclusivo en su interpretación de las reglas del arte. Gozó de enorme popularidad; los propios toreros le reconocieron su condición de figura indiscutible; la intelectualidad intentaba explicar esa conjunción de sentimiento y valentía de la que era paradigma; la amistad con Orson Welles y con Ernest Hemingway le introdujeron con vitola de mito en los ambientes literarios. Ordóñez se convirtió en torero de leyenda, pero los honores que recibió sirvieron sobre todo para engrandecer la propia fiesta, a la que honró con fidelidad absoluta a sus valores y a su rito. Insuperable en las suertes fundamentales, nunca dejó de ser torero cabal dentro y fuera de los cosos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 20 de diciembre de 1998