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Control del precio o del gasto

Sólo seis países de la Unión Europea, entre ellos España, tienen un sistema de registro de nuevos medicamentos que implica el control del precio por parte de la autoridad sanitaria. Eso hace que los medicamentos sean en España más baratos que en el resto de los países europeos, con diferencias que en algunos productos alcanzan el 70%.En general, los países del norte de Europa han optado por un modelo de libertad de precios en la industria farmacéutica, pero combinada con estrictas medidas del control del gasto farmacéutico, como una política decidida de promoción de los medicamentos genéricos o el establecimientos de precios de referencia para los fármacos de financiación pública.

En los países del sur, en cambio, predomina el modelo de precios intervenidos por la Administración, pero tanto España, como Francia, Italia o Portugal tienen en común que no han aplicado medidas de control del gasto. El resultado es que éstos países presentan un perfil de consumo muy elevado y muy poco racional, con lo que los precios son más bajos, pero acaban gastando más y peor que los otros países.

La clave para mejorar la prescripción y reducir el gasto superfluo no está, según los expertos, en la liberalización del sistema de precios, sino en aplicar medidas para evitar un consumo innecesario e inapropiado.

En cambio, la existencia de diferencias en el precio sí que está perjudicando a la industria farmacéutica por la aparición de un mercado paralelo controlado por intermediarios que compran medicamentos en los países de precio más bajo para venderlos en los que es más alto.

Ésta ha sido una de las principales causas por las que la Comisión Europea encargó al comisario Bangemann un proyecto de regulación en este ámbito. La industria considera que este mercado paralelo emergente, que ahora es considerado un síntoma del mal funcionamiento del sector, puede convertirse en una grave gangrena cuando la Unión Europea se amplíe hacia los países del Este.

De ello se discutirá el próximo día 7 en París, en una reunión que mantendrán representantes de la Comisión Europea, de cada uno de los estados miembros y de la industria farmacéutica.

La sanidad es una competencia exclusiva de los estados miembros. Por eso, la comunicación aprobada ayer representa un importante precedente en un ámbito en el que se juegan ingentes intereses económicos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 26 de noviembre de 1998