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Los científicos descartan la obtención de órganos a partir de células humanas

Críticas a la posible aplicación del cultivo de tejidos en la industria farmacéutica

La obtención de órganos para trasplante a partir del cultivo de células humanas es poco menos que una quimera. A lo sumo, según han destacado expertos en el ámbito del trasplante y de la biología celular, los cultivos celulares podrían emplearse para construir tejidos "más o menos naturales" que complementarían los trabajos en el campo de los bancos de tejidos. El cultivo de células pluripotenciales humanas, anunciado ayer por la revista Science (ver EL PAÍS de ayer), podría tener, sin embargo, aplicaciones -aunque no exentas de riesgo ético- en la clonación.

a"Hagas lo que hagas con células embrionarias, seguro que te sacan en los periódicos". De esa forma resumía ayer Josep Egozcue, médico y catedrático de Biología Celular de la Universidad Autónoma de Barcelona, el revuelo armado tras la publicación del trabajo liderado por James Thompson de la universidad de Wisconsin (Madison, EE UU).El investigador estadounidense afirma haber extraído células de embriones obtenidos por fertilización in vitro que, cultivadas en condiciones determinadas, pueden crecer y reproducirse durante varias generaciones reteniendo intacta su capacidad para convertirse en cualquier tipo de tejido adulto.

El resultado obtenido de los cultivos, según se relata en Science, adquiere los patrones básicos de un tejido, esto es, células especializadas y organizadas de acuerdo con pautas coherentes.

La obtención de estos tejidos, según Rafael Máñez, experto en xenotrasplantes del Complejo Hospitalario Juan Canalejo de A Coruña, parece plausible aunque formula numerosos interrogantes. El más importante es cómo conseguir que una célula adquiera la especialización requerida, es decir, "cómo indicarle que debe transformarse en una célula de la piel o de un músculo".

Aun aceptando que sea posible, Máñez se plantea dos nuevas cuestiones: en primer lugar, cómo conseguir que del tejido se derive un órgano, "mucho más complejo y con diversos tejidos interactuando entre sí y con su entorno"; y en segundo lugar, cómo resolver los problemas inmunulógicos si esos órganos van a emplearse en trasplante. "El problema del rechazo", dice, "va a persistir". Y nadie asegura que los órganos así obtenidos no vayan a generar problemas desconocidos.

"Mina de oro"

Blanca Miranda, coordinadora de la Organización Nacional de Trasplantes, dijo ayer que el avance es importante, pero matizó, en declaraciones a Europa Press: "Que en un futuro esto permita producir órganos completos es algo mucho más dudoso". [En Estados Unidos el experimento ha sido criticado por antiabortistas y confesiones religiosas, entre ellas la Iglesia católica y la baptista. El descubrimiento "supone una mina de oro para la industria farmacéutica, una industria sin conciencia", según los críticos.]Egozcue, por su parte, insiste en que el experimento, junto con el anuncio de un segundo de características similares dirigido por John Gearhart, de la Universidad John Hopkins en Baltimore (Maryland, EE UU), es algo así como el cuento de la lechera. El cultivo de células madre, bien sean obtenidas de embriones (en el caso de Thompson) o de abortos terapéuticos (en el caso de Gearhart), suponen un avance significativo, pero no es, "ni mucho menos tan importante como se ha anunciado".

Para el investigador de la UAB sí lo es el paso dado por Ian Wilmut en el Instituto Roslin de Edimburgo al lograr clonar a la famosa oveja Dolly. "Aquella vez", relata Egozcue, "se logró demostrar que es posible reprogramar una célula adulta a su estadio inicial y lograr un nuevo individuo". En todo caso, el logro de los investigadores norteamericanos abre nuevas puertas para la clonación, puesto que sería "tecnológicamente factible" extraer los núcleos de las células madre e introducirlos en un óvulo, del que surgiría un embrión.

El mayor interrogante formulado por los expertos es cómo dirigir la especialización de la célula en un sentido u otro para acabar formando un "tejido verdadero". "En estos momentos", apunta Máñez, "se está trabajando ya en trasplantes celulares con resultados aún preliminares". Por ejemplo, con células hepáticas o células beta (grupo de células responsables de segregar insulina en el páncreas). En ambos casos, se investiga la posibilidad de confinar las células en pequeños cartuchos que actúan a modo de bomba. "Pero no son tejidos sino agrupaciones celulares", matiza. En el caso de tejidos propiamente dichos, la investigación persigue obtener piel, arterias, huesos o cartílagos artificiales a partir de material biológico. Pero se trata siempre de "membranas funcionales" que no requieren de un alto grado de especialización y cuya misión es reponer un tejido dañado. De ahí a hablar de órganos complejos, zanja Máñez, "media un abismo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de noviembre de 1998