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Manuel Fraga inicia un viaje de 12 días a Cuba, México y Guatemala

El presidente de la Xunta de Galicia, Manuel Fraga, inició ayer un viaje a Cuba -de gran valor sentimental para él, ya que es hijo de emigrantes a la isla y vivió en ella-, México y Guatemala que se prolongará hasta el 8 de noviembre y con el que pretende mejorar las relaciones económicas entre su comunidad y esos países. Aparte de sus encuentros con dirigentes, Fraga será investido doctor honoris causa por la Universidad cubana de Oriente y recibirá la Orden guatemalteca de Quetzal.

A principios de 1983, el embajador de Cuba en España, Óscar García, hizo una difícil visita de cortesía a Manuel Fraga en su despacho de la madrileña calle de Génova, sede entonces de Alianza Popular. Acababa de ganar el PSOE sus primeras elecciones y a García, nombrado hacía poco, le habían advertido que Fraga era un hombre de carácter."Después de las frases normales de cortesía", recuerda García, "de pronto, seco y fuera de contexto, Fraga me soltó: "Bueno, embajador, usted sabe que mis criterios son radicalmente opuestos a los de su Gobierno". García le respondió que a él le pasaba igual, y siguieron conversando como si nada. "Me contó", prosigue, "que había vivido en el pueblo cubano de Manatí en su niñez. Se acordaba hasta de los nombres de los bueyes. Y me dijo que no quería morirse sin volver a aquellos lugares".

Fraga volvió por primera vez a Cuba en septiembre de 1991. Lo hizo como presidente de la Xunta de Galicia, sin importarle el contexto internacional -acababa de derrumbarse el bloque socialista-, ni las tensiones que en aquellos momentos vivían los Gobiernos de Felipe Gonzalez y Fidel Castro, ni tampoco las opiniones contrarias dentro de su propio partido. Desde el primer momento, dejó atrás la política y volvió a Cuba como un hijo de indiano que regresa a pagar una deuda de gratitud con la tierra en la que sus padres prosperaron.

Durante el viaje, Fraga y Castro se trataron como dos viejos gallegos que se encuentran después de muchos años sin verse. Se hicieron amigos. O, mejor dicho, recuperaron una vieja amistad. El hijo del emigrante Manuel Fraga Bello y el de Ángel María Castro sellaron su pacto al margen de la ideología durante una romería en la que comieron juntos pulpo a la gallega, empanada y lacón con grelos. Fraga hizo una queimada. Castro le correspondió tocándolo, abrazándolo, acompañándolo y llamándolo "compañero" ante el estupor generalizado en España.

Reencuentro con el pasado

Castro también preparó a Fraga en aquella ocasión un reencuentro con su pasado en Manatí. En esta localidad oriental los padres de Fraga se conocieron y vivieron varios años hasta comienzos de los 20. Manuel Fraga Bello tenía un quiosco a las puertas de la central azucarera, en la que María Iribarne trabajaba a las ordenes del marqués de San Miguel de Aguayo, el administrador. Poco después de regresar a Galicia, Fraga nació en Villalba el 23 de noviembre de 1922, pero la familia volvió pronto a Cuba.En el viaje que realizó en 1991, Fraga comió en su antigua casa, se meció en el columpio de su niñez, visitó la casa del marqués y llevó flores al cementerio, donde tiene enterrados a un tío y varios primos. El mismo ritual seguirá Fraga en el viaje que comenzó ayer. En él será además galardonado con el título de doctor honoris causa por la Universidad de Oriente y declarado huésped ilustre de Santiago de Cuba.

Para las autoridades cubanas, la vuelta del "compañero Fraga" no es la de un simple presidente de una comunidad española. "Fraga ocupa un lugar especial, independientemente de las convicciones políticas. Él tuvo el valor de viajar a nuestro país recién acontecido el desplome del campo socialista y viajó con un espíritu abierto, con una actitud amistosa y de permanente crítica al bloqueo norteamericano, y eso no lo olvidamos", dice el vicepresidente cubano, José Ramón Fernández.

Para que no se olviden de él en este viaje, Fraga ha pedido en esta ocasión a las autoridades cubanas que le permitan traer 13 toneladas de alimentos, que la Xunta repartirá directamente como ayuda humanitaria entre los 3.000 gallegos que quedan en la isla. El domingo se realizará una gran romería en los jardines de la Tropical en la que se cocinarán 800 kilos de pulpo y se dará cuenta de 1.000 empanadas importadas de Galicia. Y, en ese ambiente, Fraga y Castro podrán exclamar otra vez, con la ideología bien aparcada, ese grito ritual gallego que dice: "Manda carallo na Habana".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 29 de octubre de 1998

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