Las tres vidas de La Azucarera

La Azucarera de Vitoria es un edificio con bastante suerte. A sus 94 años, languidecía fruto del cambio de los tiempos, olvidada la función para la que se había levantado, como le ha sucedido a tantos y tantos inmuebles industriales. Esta obra de los arquitectos Ajuria, Hueto e Íñiguez de Betolaza fue a principios de siglo una próspera fábrica que transformaba gran parte de la remolacha que se producía en la Llanada alavesa. Los caprichos de la industria la acabaron convirtiendo primero en un mero almacén de melaza (1966) y más tarde, a principios de los años noventa, en un monumento fantasma, un desecho de la Vitoria fabril. Este moribundo lugar, sin embargo, ha vuelto a ver la luz este año. En apenas cinco meses, se le ha lavado la cara y buscado una nueva utilidad: desde el próximo 15 de octubre albergará un centro de investigación y desarrollo (I+D) ligado al sector de la automoción. La Azucarera es una construcción privilegiada. Muchos de los cadáveres arquitectónicos que ha ido desperdigando la reconversión industrial en el País Vasco siguen todavía en el purgatorio del olvido. Algunos otros, en cambio, han merecido la catalogación como bien inventariado como monumento -es el caso del edificio vitoriano-, el segundo grado de protección más alto que concede la Administración tras el de bien cultural. Ello le ha salvado de una demolición casi segura, pese a que en la capital alavesa existe un grupo de fieles adictos a este símbolo de la arquitectura industrial, basado en las líneas maestras del Románico y del Gótico. Para Ana de Begoña, catedrática de Historia del Arte de la Universidad del País Vasco y militante defensora de su conservación, el conjunto de La Azucarera trae "vagos y lejanos recuerdos de la catedral de Pisa y su campanile". Sprilur, la empresa de promoción de suelo y construcciones industriales dependiente del Gobierno vasco, compró en 1994 a la Sociedad General Azucarera de España los 125.000 metros cuadrados que suma la superficie de la fábrica y sus alrededores. Sprilur arrendó entonces a la vecina empresa Mercedes un amplio aparcamiento para que la compañía automovilística pudiese aparcar las furgonetas recién fabricadas, envió a Rusia la vieja maquinaria que aún permanecía en La Azucarera y las instalaciones quedaron acartonadas a la espera de nuevo destino. Hubo entonces varias propuestas sobre qué hacer con el edificio: se ofreció a la propia Mercedes, para instalar un museo del transporte y que trasladara a Vitoria su sede de Madrid. Esta idea fracasó, como también otra iniciativa para levantar en el lugar un centro dedicado a la creación en video y al diseño asistido por ordenador. La sociedad pública dio por fin con la solución este mismo año: utilizar La Azucarera como un centro de I+D dedicado a la automoción. Negoció entonces con las empresas Silicon Graphic, Abgam (una filial de Gamesa) y la propia Mercedes y, aunque no había firmado un acuerdo concreto, decidió emprender la reforma del edificio. "El proyecto nos animó a empezar la rehabilitación", afirma José Miguel Agirre, director general de Sprilur. Con la obra, iniciada el pasado 11 de mayo y presupuestada en un total de 1.400 millones de pesetas, se pretende disponer de una superficie de 9.000 metros cuadrados para oficinas, divididos en tres plantas. La primera de ellas se inaugurará el próximo 15 de octubre. En ella se instalará Silicon, en colaboración con Abgam. "Sólo queda el trámite de la firma", asegura Agirre. "De hecho, ellos mismos han participado en las obras. Supondrá crear entre 40 y 50 puestos de trabajo", apostilla. El proceso se ha realizado al galope, una circunstancia que ha levantado suspicacias entre otras instituciones. La Diputación Foral alavesa, por ejemplo, se ha quejado de no haber recibido "suficiente información" sobre el proyecto arquitectónico y porque, si bien la rehabilitación contaba con el consentimiento político del alcalde de Vitoria, el peneuvista José Ángel Cuerda, la licencia municipal de obras no se concedió formalmente hasta después de que entraran las máquinas en La Azucarera. Pese a la polémica, la rehabilitación de la antigua fábrica ha respetado escrupulosamente la estructura del inmueble, el ladrillo procedente de Alsasua y el amplio patio en la entrada. Además, se introducirán conceptos modernos, como la instalación de unos ascensores panorámicos en el patio. La chimenea, de 50 metros de altura, permanecerá intacta de momento, pese a su estado de deterioro. Sprilur sigue adelante con su proyecto. Espera inaugurar las otras plantas del edificio remozado para "principios del año próximo", según indica José Miguel Agirre. La sociedad pública pretende que Mercedes traslade a ellas parte de los departamentos de investigación y desarrollo de su planta vitoriana, de modo que entraran en contacto con las oficinas de Silicon Graphic, dedicadas al diseño industrial. "En un mes esperamos haber cerrado el acuerdo con Mercedes", añade Agirre. "De todos modos, es absolutamente seguro que no se echarán atrás en su compromiso", concluye.

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