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Clinton pide perdón por primera vez por el "caso Lewinsky" y dice estar "muy arrepentido"

La sombra de Monica Lewinsky persigue al presidente Bill Clinton en su recorrido europeo, que ayer recaló en la República de Irlanda. "Lo siento mucho", dijo en presencia del primer ministro irlandés, Bertie Ahern, durante un improvisado encuentro con la prensa extranjera. "Ya he dicho que cometí un error, y estoy muy arrepentido", añadió el mandatario estadounidense. En Washington, mientras tanto, Clinton ha sido blanco de fuertes críticas de senadores demócratas de enorme peso político.

El comportamiento de Clinton -y en especial su negativa durante siete meses a reconocer que tuvo relaciones con Lewinsky- es "inmoral", "vergonzoso" y "dañino" y merece "el rechazo público", declaró Joseph Lieberman, un viejo amigo y aliado político del presidente y una de las personalidades más escuchadas del Senado. Los norteamericanos, añadió este judío muy religioso y campeón de la honradez en los asuntos públicos, deberían exigirle "cuentas" al titular de la Casa Blanca.Otras dos prominentes figuras demócratas, los senadores Bob Kerrey y Patrick Moynihan, manifestaron de inmediato su pleno apoyo a los comentarios de Lieberman. El mes pasado, Richard Gephardt, líder demócrata en la Cámara de Representantes y posible rival de Al Gore en las elecciones primarias del año 2000, también se desmarcó ostensiblemente de Clinton y expresó su disposición a estudiar un posible proceso de impeachment o destitución.

La sesión de preguntas y respuestas con la prensa no estaba prevista en el itinerario de la jornada de Clinton, pero una sesión fotográfica frente a la oficina oficial del taoiseach, Bertie Ahern, en el centro de Dublín, brindó la ocasión. "Estoy de acuerdo con su comentario", afirmó el presidente respecto a la intervención de Lieberman, "Cometí un error, fue [un acto] indefendible y lo siento".

Palabras evitadas

Durante la confesión pública de su relación sexual con Lewinsky, frente a la cámaras de televisión, el pasado 17 de agosto, Clinton evitó las palabras "lo siento mucho", que ayer repitió en dos ocasiones. "Es consistente con lo que dijo antes y dirá en el futuro. El presidente elige cuándo, cómo y dónde abordar este asunto", interpretó poco después el portavoz de la Casa Blanca. En contraste con las críticas recibidas entre la clase política de EEUU, la población de la isla de Irlanda, los jefes de los Gobiernos británico e irlandés y los políticos norirlandeses aclaman a Clinton como un héroe. "Ningún otro presidente estadounidense ha hecho tanto por la paz. Durante los últimos quince meses he pedido su ayuda y apoyo. Ni una vez me los ha negado", señaló el jueves el primer ministro británico,Tony Blair. "Su esfuerzo por alcanzar un acuerdo político guarda un lugar especial en el corazón del pueblo irlandés", confirmó ayer Ahern.Los problemas domésticos no han logrado distraer la atención de Clinton del proyecto político norirlandés. Así lo confirmó su anfitrión al hacer balance en Dublín del impacto de la visita del presidente a una isla de Irlanda dividida por años de odio comunitario: "Ha movilizado a los partidos políticos y ha hecho avanzar en pocos días lo que pudiera haberles llevado meses", afirmó el taoiseach en vísperas del encuentro entre el unionista David Trimble y el republicano Gerry Adams, sin precedentes en la historia del Ulster.

En EEUU, por el contrario,Clinton se ha convertido en un lastre para su propio partido en vísperas de las elecciones de noviembre, en las que los norteamericanos renuevan la totalidad de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado y eligen numerosos gobernadores y alcaldes. Muchos demócratas han pedido a la Casa Blanca que anule la presencia del presidente en actos de apoyo a sus candidaturas.

Los republicanos al ataque

Los republicanos también salen del discreto silencio con el que han seguido en líneas generales el caso Lewinsky. Trent Lott, su líder en el Senado, se declara "asqueado" por el hecho de que Clinton y Lewinsky sostuvieran relaciones sexuales en la Casa Blanca y el primero "mintiera durante meses". La "dimensión moral" de la presidencia norteamericana, dice Lott, ha sufrido "un serio daño".Trent Lott no quiere pronunciarse, sin embargo, sobre la destitución o dimisión de Clinton, cuyo futuro político pende del siguiente paso del caso: la presentación por parte del fiscal Kenneth Starr de su informe al Congreso, prevista para finales de mes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 5 de septiembre de 1998

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