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GIJÓN

El toro que no quisieron

Hay cosas que no terminan por entenderse bien. Y es que, el toro que no quisieron las figuras y que amablemente rechazaron, por lo visto, los veterinarios, no saltó al ruedo cuando debía hacerlo, saltó en la segunda de feria sustituyendo a uno de los anunciados de El Conde la Corte. Ese toro con defectos inconfesables, a la postre, fue al único que se le cortó una oreja, pero El Tato, tras no dejar que le castigaran en varas, le fue obligando y arrancando derechazos e izquierdazos a base de trabajo y paciencia. Más aplausos se debía llevar como director de lidia, atento en tres quites de importancia. Todo lo contrario al niño Conde, que anduvo toda la tarde muy crispado. En su primero, ahormado después de una vara brutal, se confió y empezó a gustarse en muletazos desmayados más, ¡oh sorpresa!, el toro hace un extraño y Conde pierde el sitio y para colmo mata mal. A partir de ese momento todo fueron despropósitos, con más miedo que vergüenza torera dando mantazos y dejando que sus subalternos tomaran su sitio. Canales Rivera demostró valor, recibiendo con dos largas cambiadas arriesgadísimas. Ante su primero no hizo nada, después de haberle hecho todo mal durante la lidia, pues el toro tomaba la muleta descompuesto y destemplado igual que la muleta de Canales en su segundo.

La Corte y Olea / Tato, Conde, Canales

Toros de El Conde de la Corte y María Olea, blandos y descastados en general excepto 6º; 3º inválido, 4º de El Torero. El Tato: un aviso, silencio; (una oreja). Javier Conde: palmas; aviso (bronca). Canales Rivera: silencio y silencio. Plaza de El Bibio. 13 de agosto. Segunda corrida de feria. Casi tres cuartos de entrada.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 14 de agosto de 1998