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Tribuna:

Los destinos de Clinton y González

En los últimos cinco años me he planteado con frecuencia los curiosos paralelismos entre las carreras de dos líderes políticos por los que siento una gran admiración, aunque no exenta de crítica: el presidente Bill Clinton y el anterior presidente español, Felipe González. Dadas las grandes diferencias entre la personalidad y la situación de ambos, me referiré a ellas antes de hacerlo a los paralelismos.Para empezar, Clinton había sido uno entre varios posibles líderes del partido antes de llegar a la presidencia, y no era, ni mucho menos, el más prestigioso, mientras que Felipe González era el líder indiscutible del PSOE cuando la monarquía democrática sucedió a los 39 años de dictadura militar.

Durante su primer año de mandato -1993-, Clinton sufrió la derrota aplastante del proyectado plan nacional de sanidad que había constituido la pieza central de su campaña electoral, mientras que González, durante sus primeros años, consiguió estabilizar el nuevo "Estado de las autonomías", establecer el control civil de las fuerzas armadas, controlar la inflación, e introducir a España en la Unión Europea y en la OTAN.

Clinton fue capaz de recuperarse de su desastroso primer año gracias a la mezcla de gran inteligencia y flexibilidad, y a su temperamento, enormemente optimista. Tuvo que negociar constantemente acuerdos con un Congreso dominado por los republicanos, pero si se piensa detenidamente, sus reformas fiscal y de la asistencia social, la "concesión de poderes" a las mujeres y a las minorías raciales, su estilo optimista y su dominio de los problemas económicos nacionales e internacionales, le han convertido en un presidente con mucho más éxito y más popular de lo que cualquiera podría haber previsto en 1994. González, por su parte, parecía con frecuencia hastiado de las cargas que suponía el puesto, y en sus últimos años se vio paralizado por el GAL y por la acumulación de escándalos financieros en los que se vieron implicados altos funcionarios nombrados por su gobierno.

Un último punto de este esquemático contraste entre los dos personajes: Clinton está todavía en el cargo, pero su eficacia se ha visto fuertemente reducida por un escándalo sexual no resuelto que amenaza con destruir su presidencia. González ha sufrido muchas acusaciones descabelladas, pero hasta el momento, que yo sepa, ninguna relacionada con el sexo. Fue derrotado en 1996 por su negativa, equivocada según mi opinión frecuentemente expresada, a aceptar la responsabilidad política por los casos de terrorismo estatal que tuvieron lugar al comienzo de su mandato.

Dados los fuertes contrastes entre la situación política y personal de ambos, ¿qué es lo que me ha hecho pensar repetidamente que existían ciertas similitudes entre sus trayectorias personales? Dicho en dos palabras: la naturaleza de sus rivales. En Estados Unidos el plan sanitario de Clinton, y otros planes para incrementar la ayuda federal a la educación en todos los niveles que tampoco salieron adelante, provocaron la feroz oposición de las clases económicas conservadoras: aquellos que creen 1) que ellos y nada más que ellos han "construido" Estados Unidos; 2) que no hay que "mimar" a los pobres y a las minorías; 3) que los ingresos derivados de los impuestos deberían emplearse sólo en proyectos útiles para sus empresas, como la construcción de nuevas cárceles y la continuación de las subvenciones a las industrias de armamentos y a las agroempresas (explotaciones agrarias gigantes combinadas con fábricas de procesamiento de alimentos) enmascaradas como explotaciones familiares tradicionales; y 4) que el dinero procedente de los impuestos no debería gastarse en proyectos como la protección del medio ambiente, la salud o la educación de la numerosa prole, no regularizada, de una gente venida de fuera, etcétera, etcétera.

En el caso de Felipe González, la furia de la oposición proviene en cierta medida de fuentes más "espirituales". Durante el último milenio, España ha tenido una clase dirigente "natural". Hasta el siglo XIX, esa clase estaba compuesta por la aristocracia hereditaria, los militares y los dirigentes eclesiásticos; y en los últimos dos siglos se ha añadido la burguesía financiera e industrial. Esta gente estaba acostumbrada a gobernar, con o sin libertades políticas, partidos o constituciones. Su dominio se vio muy brevemente desafiado por la corta República de 1931, un reto aplastado en la Guerra Civil de 1936-39.

Pero he aquí que -quién lo iba a decir-, en los ochenta, tras cuatro décadas de "paz" y una transición cuidadosamente dirigida que dejó en donde estaban a todos los funcionarios y las fuerzas policiales franquistas, el PSOE ganaba no una, sino tres elecciones sucesivas. Era la demostración de que la izquierda democrática podía gobernar sin tumultos anticlericales ni amenazas revolucionarias. Y lo más asombroso de todo, estaba guiando la economía con mucho más éxito que los gobiernos de la UCD de los años 1977-82.

Pero el paralelismo más significativo de la frenética oposición a los gobiernos de centro izquierda tanto de Clinton como de González ha sido el uso del sistema judicial para conseguir aquello que no eran capaces de conseguir en las urnas. En el caso de Bill Clinton hemos tenido cuatro circos legales: Whitewater, Travelgate, Paula y Monica. En cuatro años no se ha descubierto nada sobre las inversiones en terrenos de los Clinton que fuera diferente de las otras muchas inversiones realizadas anteriormente por políticos importantes de Arkansas, incluidos algunos de los que ahora intentan destruir a Clinton. El Travelgate implicó algunos despidos desagradables, pero nada que no ocurra normalmente en el mundo empresarial. Paula era una funcionaria a quien el entonces gobernador Clinton parece que hizo proposiciones sexuales; pero incluso en sus acusaciones deja claro que, cuando ella se negó, él le aseguró que su carrera no se vería afectada, como así fue. Sin embargo, una fundación conservadora exenta de impuestos ha financiado sus esfuerzos para llevar al presidente ante los tribunales. Y pasara lo que pasara con Monica, y milagrosamente el Gran Jurado no ha filtrado este caso, ella participó de buen grado.

En el caso del GAL, mientras Felipe González estaba todavía en el poder, fue chantajeado por un ahora ex banquero, y se filtraron selectivamente a la Pasa a la página siguiente Viene de la página anterior prensa diversos documentos confidenciales del Cesid. Importantes periódicos, revistas, emisoras de televisión y radio lanzaron a los cuatro vientos la información y desinformación que se había filtrado. La naturaleza selectiva de su interés por los delitos de terrorismo estatal es evidente si se considera que los escándalos y los procesamientos se refieren exclusivamente al terrorismo estatal que tuvo lugar tras la victoria electoral del PSOE.

Un motivo que no se debe subestimar en todas estas acciones judiciales es el coste extremadamente alto de las representaciones legales. Independientemente de lo que suceda en las numerosas acciones legales que tienen lugar tanto en España como en Estados Unidos, gente no rica se está viendo obligada a contratar a abogados cuyos honorarios se convertirán durante años en una carga.

Dos cuestiones me parecen claras en toda esta marea de escándalos en Norteamérica y España. Una es que la derecha ha encontrado en los tribunales una forma de acosar de manera insufrible, si no de derrotar directamente, a gobiernos de izquierda democráticamente elegidos. La otra es que unos políticos de izquierdas capaces pueden ayudar a derrotarse a sí mismos al no reconocer la responsabilidad política en unos escándalos que tuvieron lugar durante su mandato. González debería haber seguido el ejemplo de Billy Brandt, el canciller socialista alemán que dimitió en lugar de permitir que un escándalo sobre espionaje derivara en la derrota de su partido.

En cuanto a Bill Clinton, espero que sea cierto que va a decir la verdad cuando testifique el 17 de agosto. Está claro que, a diferencia del fiscal general, el pueblo norteamericano no considera que la vida sexual pertenezca al ámbito de la política. Tampoco le gusta que abogados rivales especializados en escándalos y profesionales de la grabación de cintas secretas sean los únicos beneficiarios de todos estos asuntos escabrosos. Las mentiras y las evasivas en temas de conducta sexual son habituales en ambos sexos, a menudo con el motivo perfectamente decente de proteger a la pareja de la publicidad. Pero ahora que Paula, Monica y otras varias han estado relacionadas sexualmente con el presidente, el único modo digno de dejar atrás los escándalos es reconocer la verdad.

Gabriel Jackson es historiador.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 5 de agosto de 1998