Turquía envía seis cazas F-16 a Chipre tras el despliegue de aviones griegos en la isla

Agencias

Chipre amenzaba ayer con convertirse de nuevo en un polvorín en el Mediterráneo oriental tras la llegada de seis cazas F-16 turcos a una base del sector norte de la isla, ocupado por las tropas de Ankara desde 1974. El exhibición de fuerza de Turquía fue una respuesta al despliegue de aviones de combate y transporte griegos en la base de Pafos, en la zona bajo control grecochiprota, que se produjo el pasado martes. El primer ministro turco, Mesut Yilmaz, advirtió ayer Atenas que será responsable «de lo que ocurra» si llega a haber un conflicto entre dos países miembros de la OTAN.

Los seis cazas turcos, provistos de todo su armamento, se estacionaron en el aeródromo de Lefkoniko (Gecitkale, en su denominación turca), protegidos por varias baterías antiaéreas que flanqueban la pista de aterrizaje. Tres de los aparatos despegaron poco después en direccción a Turquía, después de sobrevolar a baja altitud el territorio de la República Turca del Norte de Chipre, Estado reconocido internacionalmente sólo por el Gobierno de Ankara, que mantiene a 30.000 soldados en el sector turcochipriota. La llegada de los cazas turcos responde al inesperado operativo militar griego del pasado martes, con el aterrizaje en la base de Pafos, en la costa suroccidental de Chipre, de cuatro F-16 de las Fuerzas Aéreas de Grecia junto con dos aviones Hércules C-130 de transporte. Según informó ayer la televisión de Nicosia, varios barcos de guerra de Turquía se estaban acercando al puerto turcochipriota de Kirenia.«El aterrizaje de los cazas griegos en Chipre representa una nueva amenaza y Turquía no permanecerá en silencio ante estos actos de agresión», afirmó ayer en Ankara el primer ministro Yilmaz antes viajar a Bucarest en visita oficial. El Gobierno turco ve el despliegue militar griego como el establecimiento de de una fuerza permanente en la isla, adonde Ankara prevé enviar también un avión de transporte Aviocar, fabricado en Turquía bajo licencia de la compañía española CASA. El Ministerio de Exteriores turco anunció anoche que iba a solicitar al Reino Unido que, como antigua potencia colonial en la isla, emprenda una mediación diplomática.

El Gobierno grecochipriota, el único reconocido por la comunidad internacional, denunció a su vez la violación de su espacio aéreo por los cazas turcos como una «provocación» dirigida a disparar la tensión en la zona. «El Gobierno chipriota se mantiene en calma frente a las amenazas», aseguraba un comunicado de la oficina del portavoz del Ejecutivo de Nicosia.

El recién nombrado embajador norteamericano ante Naciones Unidas, Richard Holbrooke, aseguró ayer que intentará completar su misión de mediación en Chipre antes de incorporarse a su nuevo destino diplomático. Holbrooke viajará el lunes a Atenas junto con el coordinador del Departamento de Estado para Chipre, Thomas Miller. Hasta ahora, la mediación sobre Chipre entre Grecia y Turquía que ha efectuado el artífice del acuerdo de paz en Bosnia ha sido infructuosa.

Mientras tanto, la oposición conservadora griega y el ala crítica del Partido Socialista Panhelénico (Pasok) han considerado la actitud norteamericana respecto a Chipre como una intromisión en los asuntos europeos, informa Sonia Arias desde Atenas. El Gobierno niega tal peligro y tan sólo habla de «interés de Estados Unidos en la zona», al tiempo que considera que el despliegue militar turco sólo es una demostración de fuerza que no desembocará en un conflicto armado.

El ministro de Exteriores, Teodoros Pangalos, fue aún más preciso: «Turquía ya tiene una gran cantidad de armas ilegalmente estacionadas en Chipre; no veo que la situación haya cambiado ahora». Grecia, que suscribió en 1993 un pacto de defensa mutua con el Gobierno grecochipiota, justificó el envío de sus cazas F-16 a Pafos en la necesidad de verificar las instalaciones de la base.

En los últimos dos años se han sucedido los incidentes entre Grecia y Turquía tanto en Chipre como en aguas del Egeo y del Mediterráneo oriental. A comienzos de 1996, Atenas y Ankara llegaron al borde de la guerra por el control del islote de Imia (Kardak, para los turcos) en el Egeo. Una intervención de Estados Unidos logró impedir que estallara el conflicto. En agosto de ese mismo año se registraron también violentos enfrentamientos entre miembros de las comunidades grecochipriota y turcochirpriota, que se saldaron con un muerto y 47 heridos.

Ambos países se comprometieron hace un año, en la cumbre de la OTAN celebrada en Madrid, a mejorar sus relaciones mediante la comunicación previa de todas las maniobras militares que pudieran despertar recelos.

Misiles rusos

Pero el anuncio de la compra de cohetes tierra-aire S-300, de fabricación rusa, por parte del Gobierno grecochipriota ha disparado la tensión en la región. El presidente ruso, Borís Yelstin, confirmó el pasado mes de abril que seguía adelante con los planes de suministrar nuevos medios de defensa antiaérea a Nicosia. En principio, la entrega efectiva de los misiles, calificados como arma defensiva, se llevará a cabo el próximo mes de julio.En respuesta al rearme del sector grecochipriota de la isla, el Gobierno de Ankara ha anunciado la construcción de dos bases militares en el sector norte. Turquía denuncia que la instalación de los S-300 representa una amenaza directa para su seguridad, ya que estos misiles tienen un alcance de 150 kilómetros y pueden amenazar a sus costas del sur.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0018, 18 de junio de 1998.

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