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Crítica:CLÁSICA

El puro virtuosismo de Brendel

Seguimos con los pianistas, esta vez Alfred Brendel, una de las grandes bazas, tan desiguales, del grupo vienés lanzado al final de los años cuarenta y unido a grandes premios internacionales: Brendel y Demus, el Busoni de Bolzano, Gulda, el de Ginebra y Badura-Skoda, el Marguerite Long de París.Si algo permanece inmutable en Brendel es la fidelidad a su propio estilo, en el que resuenan ecos de Edwin Fischer, pero sólo ecos: su gusto y predisposición para Haydn, Mozart, Beethoven y Schubert; su concepto austero, su sonido noble mas sin pisar el terreno de una excesiva delectación, la claridad de su juego, que, en lo virtuosista, carece de énfasis igual que su fraseo.

Genio altísimo

Alfred Brendel Grandes Intérpretes (Scherzo, INAEM, Canal +)

A. Brendel, pianista. Auditorio Nacional. Madrid, 26 de mayo.

Se agradece mucho que de improviso la persistencia romántica quede rota por una tarde dedicada a Haydn y Mozart, con la presencia del Schumann más leve, el de las Escenas de niños . Las dos sonatas haydnianas constituyen ejemplo de un genio altísimo al que la gracia mozartiana disputó su aureola. Pero se trata de páginas trascendentales, especialmente esa sonata terminal en mi bemol, densa, compleja, original y prerromántica. Frente a ella, el vuelo acumulado por Mozart en la Sonata en do, K 330 dicta normas desde su entera perfección.Brendel diferencia cada mensaje, pero, tras cualquier disimilitud, aparece con fuerza y sin atentar contra la verdad perseguida su propio pensamiento. Su pianismo, tan riguroso, es diferente al de sus compañeros de generación, y esto no es defecto, sino virtud. Todos aplaudimos con entusiasmo la nueva aparición de Brendel en Madrid para serenar dos horas de música grande.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 28 de mayo de 1998