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51º FESTIVAL DE CANNES

La obsesión por los abusos de menores

La revista Variety ha alertado ya de que los guionistas estadounidenses andan preparando la salida al mercado de historias basadas en la milagrosa píldora Viagra, pero pocos contaban con que el efecto Dutroux iba a provocar la epidemia de filmes sobre abusos de menores que está habiendo en el 51º Festival de Cannes. Primero fue La clase de nieve, de Claude Miller; luego Happiness, de Todd Solondz; después La fiesta, de Thomas Vinterberg. Y ahora, Henry Fool , de Hal Hartley, que también ha sucumbido a la tentación de hablar de la pedofilia.Por lo visto, poco nuevo hay que contar sobre asunto tan universal, doloroso y desagradable, y así lo reconoce desde luego Hartley, joven, sensible y minimalista director estadounidense que esta vez se ha puesto más bien escatológico y maximalista. Su historia de Simon, un joven poeta que llega a lo más alto desde un camión de basura, y de su amigo Henry, escritor que hace más o menos el camino contrario, es, según Hartley, un intento de poner en la pantalla la suma de «arrogancia y timidez que caracteriza a casi todos los creadores».

El director justificó así su inmersión en este realismo más repugnante que sucio (incluye vomitonas, diarreas, violaciones y palizas de distinto tipo): «Siempre he rodado películas muy sencillas, con poca acción y diálogos escasos. Esta vez escribí un guión lleno de conversaciones literarias y filosóficas. Y no quería que todas esas grandes ideas se transmitieran en un ambiente de club inglés».

Así que Hartley adoba esa historia de amistad y compenetración literaria con diversos toques de costumbrismo contemporáneo, para lo que recurre a una fuente de conocimiento totalmente nueva para él: «Nunca leo periódicos ni veo la televisión, pero esta vez no he parado de hacerlo. Quería hablar de Internet, de política, de los abusos sexuales, y los medios están llenos de noticias sobre eso».

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 20 de mayo de 1998