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Los ganadores del premio Alfaguara

«Distancia y nostalgia dan una mirada tranquila

Buenos Aires
"Tejidas con la sangre u los nervios de América Latina, las novelas de Sergio Ramirez y Eliseo Alberto comparten por encima o por debajo del crimen, la locura y los usos y abusos del poder, un amor inmenso por la dignidad de sus personajes, por la búsqueda interminable del amor", dijo ayer en la Feria del Libro de Buenos Aires el escritor mexicano Carlos Fuentes, en el acto de presentación de los ganadores del primer Premio Internacional Alfaguara de Novela, compartido por el nicaragüense Sergio Ramírez, con Margarita esta linda la mar, y el cubano Eliseo Alberto, con Caracol Beach. Los dos escritores viajarán a España en breve: el premio, dotado con 25 millones de pesetas para cada ganador, se entrega el próximo 26 de mayo en Madrid con motivo de la Feria del Libro

El jurado hizo la siguiente consideración de la novela Caracol Beach: «Una historia de violencia, injusticias y locuras que reinventa y actualiza las formas de la gran tragedia clásica, en una perfecta metáfora de este fin de siglo». El autor, el cubano Eliseo Alberto, de 46 años, ha dedicado el libro a su «querido maestro y amigo Gabriel García Márquez». El origen de Caracol Beach (Alfaguara) se remonta a un taller de guión que impartió el escritor colombiano en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de Los Baños, en Cuba. Eliseo Alberto era su asistente. «Es una novela en la que se ve la película detrás. Mis amigos me dicen "ya voy por la escena tal en vez de decir el capítulo cual». Pero el «origen emocional», en palabras de Alberto, de Caracol Beach se sitúa en su anterior libro, una demoledora crítica del régimen castrista. «Había escrito un capítulo sobre Miami que a última hora lo quité, porque creí que no tenía derecho a escribir sobre un tema tan complicado sólo por haber realizado una visita de 15 días a Miami. Cuando entregué el libro, que sabía que me iba a traer muchos problemas, al llegar a casa me dije: tengo que escribir otro libro, una novela que vaya detrás y que me recoloque como escritor y no como político».

La charla con Alberto es envolvente. Apasionado, habla de los temas que ha querido reflejar en su libro, la locura, el perdón, la inocencia. «Es una novela muy trágica, muy violenta, porque así me lo propuse, pero en la que todos los personajes, absolutamente todos, son inocentes. No hay un malo en esta película, no hay un buen papel para Jack Nicholson o Robert de Niro, por ejemplo». El cubano Andy García sería su actor preferido para una eventual película de Caracol Beach.

«Lo que me interesaba más en la novela es la guerra que sigue sucediendo, independientemente de que los jefes firmen la paz, en las piernas y los brazos que faltan, en la locura que te abandona. Es una novela pacifista siendo muy violenta». Eliseo Alberto recuerda que «durante muchos años la revolución cubana obligó a que la relación del individuo con su patria pasara inevitablemente por su postura ante la revolución».

Revolucionario-contrarrevolucionario, patriota-apátrida, compañero- gusano. No había alternativas. Revolución y nación significaban la misma cosa en el discurso oficial. Pero, de pronto, han pasado 40 años, y palabras como compañero y revolución sirven para definir a un muchacho de 18 años que estuvo dispuesto a irse a África, porque la revolución lo mandaba, a pelear a un país que ni siquiera sabía dónde estaba. Este mismo muchacho, cuando más tarde llega a Miami, no se puede llamar compañero, porque allí los internacionalistas cubanos viven cagados de miedo porque si los gusanos se enteran que estuvieron en las guerras de África, les considerarán agentes de la seguridad cubana. Hay muchas figuras hoy que no se enmarcan. Éstas son algunas de las reflexiones que ha tratado de hacer en Caracol Beach Eliseo Alberto, exiliado desde hace tres años en México, donde combina la literatura con la enseñanza de guión. «El cine me da la posibilidad de divertirme muchísimo, porque sólo escribo para amigos». Ha trabajado con directores cubanos y mexicanos, pero su experiencia fundamental fue con el fallecido Tomás Gutiérrez Alea, para quien escribió Guantanamera ; Cartas del parque con García Márquez; un mediometraje Contigo en la distancia , que se rodó en México, y otros cuatro guiones que no han sido llevados a la pantalla.

«El otro día sacaba la cuenta de cuántas historias me han contando mis alumnos y son casi 3.000. Cada clase es como un capítulo de Las mil y una noches. La enseñanza de cine es como contar una mentira con apariencia de verdad».

A su juici hay una diferencia entre escribir sobre Cuba dentro o fuera de la isla. «La distancia, mezclada con la nostalgia, da una mirada sobre los hechos quizá un poco más tranquila. Escribir en Cuba es muy complicado, aunque se están escribiendo cosas preciosas».

El autor cubano quiere dedicar el dinero del premio a tres cosas: «Promover la obra de mi padre, que es para mí uno de los poetas fundamentales en lengua española, a través de una fundación, hablar con mis amigos por teléfono y jugar a la lotería».

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 27 de abril de 1998

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