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URNAS Y VIOLENCIA EN COLOMBIA

Atados por la mafia

Los analistas califican las elecciones parlamentarias de ayer como "trascendentales". Son la antesala de las elecciones presidenciales del próximo 31 de mayo y el termómetro que medirá cuánto asimilaron los colombianos la lección del Proceso 8.000, que dejó al descubierto lo que desde hace tiempo se sabía: la estrecha relación entre mafia y política. Por esta razón hay más de una veintena de políticos tras las rejas.

Lo importante no será contabilizar si el liberalismo -hoy atomizado- mantiene la mayoría, o si los conservadores -también desdibujados- conservan su segundo lugar. O incluso si los llamados independientes avanzan. La lectura que se hará de los resultados será en qué porcentaje se renueva el Legislativo, hoy atado a los intereses de la mafia y de los grandes grupos económicos.

De los seis aspirantes a la primera magistratura, cinco -al menos de puertas para afuera- promueven el cambio. El otro, Horacio Serpa, ex ministro del Interior, y mano derecha del presidente Ernesto Samper en los peores momentos, es señalado como el candidato continuista. Por estos días de campaña se le vio promoviendo candidatos señalados por una encuesta como los más clientelistas y los más corruptos.

Y existe temor de un fraude. El Espectador, en un reciente editorial, invitó a establecer una severa vigilancia en torno a los resultados: "Porque lo que se está pretendiendo, a todas luces, es adulterar por todos los medios posibles el resultado de las elecciones, previamente a la elección del nuevo presidente, como título para reclamar posteriormente la victoria del continuismo".

Los grandes periódicos prevenían ayer sobre las principales trampas que se suelen presentar en las mesas electorales: la urna de doble fondo, la clonación de cédulas, las urnas embarazadas (llenas de antemano de papeletas), o el carrusel (al elector se le entrega previamente una papeleta marcada).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 9 de marzo de 1998