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''Tengo un sueño'' sobre Cataluña

El más grande líder político norteamericano de mi época, Martin Luther King, resumió su visión de la justicia social en un discurso en el que utilizó como estribillo las palabras "tengo un sueño", refiriéndose al ideal de integración educativa, social y residencial de las poblaciones blanca y negra de EE UU. Al llamar a su programa un "sueño" pretendía indicar, y así lo entendí mientras trabajé en el movimiento por los derechos civiles, que el ideal debe ser claro y sencillo, pero que su materialización podría llevar mucho tiempo.Como residente en Barcelona, en circunstancias mucho menos dramáticas que las de Illinois y Califómia (donde trabajé en los años sesenta y setenta) tengo un sueño parecido. Al precisar el contenido de este sueño, no me hago ilusiones de que los nacionalismos catalán y españolista den lugar pronto a un concepto tolerante y auténticamente pluralista de España (no el "Estado español"). Pero en este artículo no me propongo debatir punto por punto la nueva ley lingüística, cuya principal función ha sido la de evitar el debate sobre la verdadera naturaleza de la alianza de gobierno entre CiU y el PP. De hecho, todo este ejercico ha sido una ilustración de libro de cómo la izquierda (PSC, IC) cae en la trampa de suponer que el nacionalismo la acercará al electorado, y de cómo la derecha se las apaña para desviar la atención de los problemas reales hablando de "esencias" nacionales, "hechos diferenciales", etcétera.

La base objetiva en la que se apoya mi sueno anteriormente mencionado es la siguiente. Dos culturas lingüísticas han convivido para bien durante más de cinco siglos en lo que ahora es el territorio autónomo de Cataluña; y no sólo en ese territorio, sino en los territorios ahora también autónomos de las islas Baleares, Valencia y partes importantes de Murcia y Alicante; también en partes considerables de Rosellón y Cerdeña en el "Estado francés", a veces llamado Francia. Las dos lenguas en cuestión pertenecen a la familia de las lenguas románicas, con una gramática, vocabulario y fonética suficientemente cercanas como para que las personas cuya lengua materna sea el catalán o el castellano puedan aprender fácilmente la otra.

Los equilibrios demográficos, dinásticos y militares europeos a lo largo de estos cinco siglos convirtieron al castellano en la lengua dominante de las clases gobernantes, pero el catalán también ha sido empleado constantemente en la vida cultural y en la vida económica y política. También es un hecho, aunque los nacionalistas catalanes lo nieguen con frecuencia, que la lengua materna de muchos catalanes es el castellano. Desde mi punto de vista como integracionista convencido, el hecho de que no haya una línea lingüística clara que se corresponda con los antecedentes "étnicos" (una palabra exagerada en este contexto) de familias ubicadas geográficamente en Cataluña durante muchas generaciones constituye una circunstancia favorable.

La relativa facilidad con que los hablantes de una lengua pueden aprender la otra ha servido para que Cataluña no sufra la segregación física de las dos comunidades lingüísticas como sucede en Bélgica entre las comunidades francesa y flamenca; en Finlandia, entre las comunidades finlandesa y sueca, y en Canadá, entre las comunidades francesa e inglesa. Los barrios catalanes (al menos en las ciudades) son mixtos desde el punto de vista de la lengua, y todos los niños catalanes van a los mismos colegios públicos y privados. Cualquiera que, como este escritor, mantenga los oídos abiertos en tiendas, restaurantes, transportes públicos, estadios y zonas de recreo puede oír toda clase de conversaciones mixtas que dan prueba del bilingüismo no teórico e inconsciente de la población.

Pasemos ahora al contenido del sueño en sí: que la educación en todas las escuelas de enseñanza primaria y secundaria (época en que los estudiantes con edades comprendidas entre los 5 y los 16 o los 17 años pueden aprender con mayor facilidad a hablar diferentes lenguas) se desarrolle por igual en catalán y castellano; que los profesores y la Administración autónoma que controla los colegios cultiven una atmósfera de pluralismo cultural; que transmitan a los alumnos la idea de que disponer el patrimonio de dos lenguas, dos culturas históricas, dos tradiciones artísticas y musicales supone un enriquecimiento plenamente positivo de la vida en Cataluña.

Como cualquier lector que no acabe de aterrizar del espacio sabrá que el párrafo anterior es un sueno muy alejado de la realidadpolítica de la actual Cataluña. De hecho, muchos nacionalistas lo considerarían más una pesadilla que un sueño.

Para entender por qué el ideal bilingüe es odioso para los nacionalistas hay que intentar comprender un temor profundamente arraigado en los que aman el' catalán como parte indispensable de su propia herencia y quieren asegurarse de que florecerá en el futuro. Si se mantiene una conversación con nacionalistas catalanes es perfectamente posible que te muestren en un momento dado estadísticas que pretenden demostrar que los recién salidos de las escuelas secundarias hablan más o menos con la misma fluidez las, dos lenguas, junto con catálogos de universidades que indican que la gran mayoría de cursos son ahora en catalán. Y al minuto siguiente te digan que la supervivencia del catalán se ve amenazada por la combinación de inmigración y presión procedente del "Estado español". Así que el catalán ha sobrevivido extraoficialmente durante cinco siglos; es ahora la lengua docente preferida, con un éxito manifiesto a la hora de educar a la generación actual..., pero ¡su supervivencia es incierta!

Volvamos a la situación práctica. Con objeto de vivir dentro de los límites de la Constitución de 1978, se estipula que en Cataluña existen dos lenguas "oficiales". Pero los nacionalistas catalanes consideran que hay que hacer una distinción clara entre Iengua propia" (catalán) y Iengua oficial" (castellano). ¿Hay alguien en el poder en Cataluña que piense en las posibles consecuencias que tendrá para la convivencia decir a la mitad de la población que simplemente se les permite hablar la lengua "oficial", pero que no se les anima a ello? ¿Hay alguien en la cúpula de CiU, PSC o IC que se atreva a reconocer que están a punto de cometer un grave error al sustituir la ley lingüística consensual de 1983 por una nueva ley que resalta la insidiosa distinción entre "propia" y "oficial"?

Por otro lado, me resulta igual de difícil aceptar la actitud de los jueces que imperturbablemente dicen que no sienten la necesidad de aprender catalán para ejercer su profesión en Cataluña. ¿Puede haber un gesto más calculado para hacer que los catalanes se sientan como sujetos coloniales que insistir en que preparen sus documentos y presenten sus alegatos únicamente en castellano, o que hablen a través de intérpretes con el juez local?

Afortunadamente, en mi opinión, la mayoría de la gente que vive en Cataluña, con antepasados catalanes o inmigrantes, no comparten los prejuicios de ambos lados. La mezcla residencial, el alto porcentaje de matrimonios mixtos, el bilingüismo informal y absolutamente no ideológico de la población refuerzan mi creencia de que en Cataluña acabará habiendo una sociedad bilingüe consensual.

Me resigno a oír en el futuro inmediato mucha hipérbole irresponsable, como la reciente comparación, hecha nada menos que por un científico, entre el presidente Pujol y Radovan Karadzic, pero tengo fe en el seny no de los actuales líderes de Cataluña, sino de su gente, con dos lenguas maternas y dos culturas.

Gabriel Jackson es historiador.

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