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Tribuna:

La operación

Hace 30 años, el día 3 de diciembre de 1967, Christian Barnard, un joven cirujano y jefe del servicio de cirugía cardiotorácica del hospital Groote Schuur de Ciudad del Cabo (Suráfrica), realizaba en compañía de un numeroso equipo de colaboradores el primer trasplante cardiaco en un ser humano. La revista Time lo saca en portada en su número de diciembre y le nombra personaje del año. El 28 de diciembre aparecía publicado en la Revista Médica de Suráfrica el artículo científico en el que describía la operación. El artículo de Barnard, hoy un clásico y de referencia científica obligada, tenía por título La operación. Con este trasplante se dio un giro en la historia de la medicina: la muerte deja definitivamente de ser un concepto cardiológico para transformarse en un concepto neurológico.Sin embargo, en toda historia de un trasplante de órganos existe otra historia. La historia de aquel trasplante empezó pocas horas antes en una calle de Ciudad del Cabo. Una madre y su hija de 25 años fueron atropelladas por un coche al salir de una panadería. La madre murió al instante. La hija, Denise Darvall, fue trasladada al hospital Groote Schuur en situación crítica; a las pocas horas fue declarada muerta cerebral. El padre de Denise decide donar los riñones y el corazón de su hija.

El otro personaje fue Louis Washkansky, un hombre de negocios de 53 años con un corazón totalmente agotado. Diagnosticado de insuficiencia cardiaca terminal y al borde de la muerte, estaba al cuidado de los mismos cardiólogos que cuidaron del corazón de Denise. Los propios cardiólogos habían sugerido a Louis Washkansky que, ante la falta de respuesta al tratamiento médico, la única posibilidad era probar un tratamiento experimental que estaba siendo investigado por el doctor Barnard: el trasplante cardiaco. Washkansky aceptó el reto.

Para Christian Barnard, aquello significaba la recompensa a muchas horas de entrenamiento quirúrgico e investigación. Barnard estaba al corriente de las investigaciones realizadas por cirujanos norteamericanos en este campo. En diciembre de 1959, Richard Lower y Norman Shumway, del hospital Stanford-Lane de San Francisco, habían realizado el primer trasplante cardiaco con éxito en un animal. Lo que frenaba la aplicación en humanos eran los problemas de la todavía primitiva técnica quirúrgica, de la aparición de infecciones y del rechazo inmunológico.

En 1974, Christian Barnard volvió a adelantarse a los norteamericanos. Volvió a ser el primero en implantar un segundo corazón en un humano y empatarlo al existente para mantener la circulación de la sangre. Se había destapado la "fiebre del trasplante cardiaco". El descubrimiento de los antígenos HLA (nuestro DNI genético), por Dausset, y de la ciclosporina, por Borel, han hecho que, desde los años ochenta, la práctica del trasplante sea la mejor alternativa en el tratamiento del fracaso terminal de un órgano.

Sin embargo, Barnard nunca hubiese sido capaz de adelantarse a los norteamericanos si no hubiese contado con la ayuda de Hamilton Nyaki. La historia ha sido injusta con Hamilton Nyaki, quien ni siquiera figuró de forma oficial en la lista del equipo que realizó el primer trasplante cardiaco. El color de su piel fue razón en aquel país para que no tuviera derecho a compartir la gloria que se merecía.

Jesús Villar es director de investigación del hospital de La Candelaria, (Tenerife). Investigador asociado en el Mount Sinai de Toronto (Canadá).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 3 de diciembre de 1997