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Londres prohibirá los vertidos radiactivos y el hundimiento de plataformas petrolíferas en el Atlántico

El Gobierno británico anunció ayer su intención de prohibir el vertido de sustancias radiactivas y de desechos potencialmente peligrosos al Atlántico, en el marco de la comisión Oslo-París (Ospar) sobre contaminación en el océano, firmada por 15 países ribereños del Atlántico noreste.Ello implicará por ejemplo que no puedan hundirse en alta mar las plataformas petrolíferas ya inservibles, actividad que sólo el Reino Unido y Noruega permitían hasta ahora. Ya no podrán producirse intentos como el de la Shell en 1995 de sumergir una estructura como la Brent Spar. Ahora las compañías petroleras deberán probar, si quieren hundir una plataforma, que desmantelarla en tierra es peligroso e impracticable.

El Reino Unido y Francia tenían, hasta hoy, una clásula de excepción en la legislación internacional sobre reducción de contaminación en el mar, según la que ambos países podían verter residuos poco o medianamente radiactivos. La cláusula debería suprimirse en el nuevo protocolo de la Ospar, que está previsto se firme en Lisboa en 1998. El ministro británico de Medio Ambiente, Michael Meacher, calificó la decisión del Gobierno laborista como "el cambio más importante de la política del Reino Unido en materia marítima desde hace al menos 20 años".

Londres se ha visto regularmente acusado por los ecologistas de haber convertido el Mar del Norte en vertedero de chatarra y de haber causado, por una explotación petrolera desaforada, importantes daños a la flora y fauna marítimas. En cuanto a los vertidos radiactivos, Greenpeace "saludó calurosamente la iniciativa", si bien resaltó que la consideraba una medida simbólica, puesto que desde 1983 Londres ha abandonado esa política.

El Gobierno británico, por otra parte, se pronunció por una reducción progresiva de las emisiones de las centrales de tratamiento de residuos radiactivos como la de La Hague en Francia o la de Sellafield en Inglaterra. "La decisión tendrá enormes consecuencias sobre las centrales británicas", dijo ayer Gréenpeace, que considera que se pone un punto final a esa industria.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 3 de septiembre de 1997