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EL DEBATE SOBRE LAS AUTONOMÍAS

El presidente catalán rompe el protocolo

Anabel Díez

La obligación antes que la devoción o la diversión. Esto debió pensar ayer el presidente de la Generalitat de Cataluña, Jordi Pujol, al verse ante la disyuntiva de aceptar la invitación a almorzar del presidente del Senado, Juan Ignacio Barrero, juntó al resto de los presidentes autonómicos, o comer mano a mano con el ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, Javier Arenas. El político catalán optó por irse a comer con el ministro andaluz. La tentación era fuerte: si almorzaba con Arenas podía cónocer de primera mano la opinión del Gobierno y, sobre todo, los datos de la marcha de las negocia ciones entre patronal y sindicatos sobre la reforma laboral. El presidente Pujol planteó a Arenas la posibilidad de que a medio o corto plazo la Generalitat reciba su de andado traspaso del Inem.Entre tanto, el presidente del Gobierno, José María Aznar, sí compartió el almuerzo de Barrero con todos los presidentes autonómicos, incluidos los socialistas Manuel Chaves, José Bono y Juan Carlos Rodríguez Ibarra. Del comedor elegido por Barrero no sólo hubo que retirar la silla que dejó vacía el presidente Pujol, sino también la del presidente del, Gobierno vasco, José Antonio Ardanza. "Claro, no es lo mismo hablar en un batzoki que en el Senado; esto último es algo más complejo", ironizó Txiki Benegas, secretario de Relaciones Políticas e Institucionales. El secretario general adjunto de los socialistas en el Senado, el alavés. Javier Rojo, mostró un estado de ánimo compungido: "Ardanza ha dejado sin voz a la mitad del pueblo vasco".

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La ausencia de Ardanza fue la nota de pesar de este debate de las autonomías, como pusieron de manifiesto en extraña coincidencia el secretario general del PSOE, Felipe González, y el coordinador general de Izquierda Unida, Julio Anguita. Ambos políticos siguieron coincidiendo en la evaluación del discurso del presidente Aznar: "Sin consistencia", dijeron.

La estrella

De nuevo, cómo en la edición de 1994, la estrella rutilante fue Jordi Pujol. El presidente catalán se las ingenió para que un discurso fuertemente reivindicativo y quejoso en el fondo, ni ofendiera ni disgustara, gracias al suave envoltorio del que lo rodeó. La explicación guasona de algunos senadores era la de que el auditorio, incluyendo a los miembros del Gobierno, no le había entendido ni una palabra. Ciertamente sólo tres ministros, Mariano Rajoy, Esperanza Aguirre y José Manuel Romay, hicieron uso de los auriculares de traducción simultánea. El resto, incluido José María Aznar, le escucharon sin intermediarios en catalán.La primera jornada concluyó con aplastante normalidad. Los jefes de gobierno de la España de las autonomías, esta vez sí con Pujol pero sin el presidente del Gobierno, terminaron la velada con una cena que les ofreció el presidente madrileño, Alberto Ruiz-Gallardón, que extendió el agasajo a las esposas de sus compañeros.

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Sobre la firma

Anabel Díez
Es informadora política y parlamentaria en EL PAÍS desde hace tres décadas, con un paso previo en Radio El País. Es premio Carandell y Josefina Carabias a la cronista parlamentaria que otorgan el Senado y el Congreso, respectivamente. Es presidenta de Asociación de Periodistas Parlamentarios (APP).

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