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TRAGEDIA EN LOS GRANDES LAGOS

Los misioneros estaban en primera línea de fuego

Confusión sobre la identidad de uno de los tres maristas dados por muertos en el este de Zaire

Tres misioneros maristas españoles encontraron la muerte ayer en el campo de refugiados de Nyamirangwe, cerca de Bukavu, capital de Kivu sur. La casa central de los hermanos maristas confirmó desde Roma la muerte de Servando Mayor García, de 44 años, natural de Hornillos del Camino (Burgos), que estaba en Zaire desde el pasado septiembre, y Miguel Ángel Isla Lucio, de 53 años, natural de Villalaín (Burgos), que sólo llevaba 15 días en el país. Los Hermanos Maristas confirmaron por la mañana también la muerte de Julio Rodríguez Jorge, de 40 años, de Piñel de Arriba (Valladolid), pero horas después se desmentía la muerte de éste. Un cuarto religioso marista, Fernando de a Fuente, de 53 años, está desaparecido.

La Oficina de Información Diplomática (OID) confirmó la muerte de tres maristas por cuatro fuentes, dos de ellos identificados como Servando Mayor y Miguel Ángel Isla. No se conoce aún la identidad del tercero. Sin embargo, otras personas en la zona no pudieron confirmar anoche a este enviado la muerte de los tres religiosos.La confusión reinaba ayer sobre la identidad del tercer religioso asesinado. No había ninguna certeza de cómo murieron los misioneros, que se dedicaban a paliar las terribles condiciones de vida de los cientos de miles de refugiados ruandeses en la zona. No obstante, la casa central de los Hermanos Maristas apuntaba a que todo hace pensar que se trata de un "crimen realizado por alguno de los grupos armados que actúan en este momento en la región, ya sea de origen zaireño o de las antiguas milicias ruandesas en desbandada".

Los misioneros trabajaban desde septiembre de 1994 en el campo de refugiados de Nyamirangwe, que alberga unos 21.000 refugiados, y donde había sido organizada una red de escuelas primarias y secundarias, actividades culturales y religiosas para 6.000 niños y jóvenes.

En la región de Bukavii residen unos 50 religiosos españoles que a hasta ahora se han negado a ser evacuados por considerar que en la trágica situación que se vive en la zona deben permanecer allí para ayudar a la gente, hambrienta y sin agua potable.

De la repatriación de los cadáveres ha sido encargado el embajador de España en Tanzania, José María Sanz-Pastor Mellado, por serle más factible la comunicación con la zona donde radica el conflicto que al embajador de España en Kinshasa, la capital zaireña, situada a unos 1.500 kilómetros de Goma y Bukavu, las dos únicas poblaciones con aeropuerto, ahora cerrados y bajo control de los rebeldes tutsis. La intención del embajador, según la OID, es volar hasta Kigali (Ruanda) y desde allí viajar hasta la frontera con Zaire y mediante un salvoconducto poder llegar hasta Bugove, a 20 kilómetros de Bukavu. Allí se encuentra el convento de los maristas asesinados, donde se presume que deben estar los cuerpos.

Cinco días desaparecidos

Fuentes de Médicos sin Fronteras (MSF-España) aseguraban ayer en Kigali y Cyangugu, ciudad ruandesa situada a la altura de Bukavu, que los misioneros llevaban al menos cinco días desaparecidos, y las sospechas pronto empezaron a cobrar fuerza dados los combates que desde hace tres semanas enfrentan a rebeldes tutsis y tropas zaireñas, y a la gran cantidad de milicias y grupos de salteadores que han convertido el este de Zaire en un cenagal de muerte y sufrimiento.

Tampoco estaba claro el lugar donde supuestamente fueron asesinados los misioneros. Mientras algunas fuentes desde Madrid y Roma aseguraban que murieron en su convento de Bugovel al sur de Bukavu, otras en la región señalaban que perdieron la vida en medio de varios refugiados que intentaban ponerse a salvo en el campamento de Nyabirangwe.

Mientras el último informe del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) de fines de septiembre pasado aseguraba que en el campo se encontraban cerca de 21.000 refugiados hutus ruandeses, la fuga masiva desencadenada por los combates entre banyamulenges de un lado y tropas zaireñas de otro en Uvira y Bukavu habían elevado la población total del campo a cerca de cien mil personas. Hasta 300.000 personas huyeron al interior de Zaire ante los combates iniciados en Kivu sur hace tres semanas. Por el momento, los banyamulenge, que según todos los indicios cuentan con el apoyo del Ejército tutsi ruandés, controlan Bukavu, Uvira y Goma, y han empujado hacia el interior al Ejército zaireño, apoyado por las milicias hutus (los temibles interhamwe) y el antiguo Ejército zaireño. Al norte de la región, más de un millón de refugiados y centenares de miles de campesinos locales están condenados a menos que una urgente intervención humanitaria permita llevarles ayuda de inmediato. En cualquier caso, aseguraron ayer fuentes de ACNUR "ya será tarde para muchos de ellos".

"Una tragedia"

También ha sido tarde para los misioneros asesinados. Para el religioso Pablo Ruiz Escudero, que ha pasado,25 años de su vida entregado a Africa y que hace apenas ocho días salió de Bukavu, "lo ocurrido es una verdadera tragedia", y más teniendo en cuenta las labores educativas y la dedicación a los refugiados hutus en la región de Kivu sur que desempeñaban los tres misioneros muertos.

Responsables de varias organizaciones no gubernamentales coincidieron ayer en Gisenyi con la impresión de los misioneros españoles de que "los rebeldes tutsis y las tropas zaireñas están limpiando la región y no quieren testigos".

Mientras el hambre ha empezado a golpear con furia a la población de Goma, fuentes periodísticas señalaron que los interhamwe (las milicias hutus que tan copiosamente mataron en el genicidio de 1994) están tomando a niños de los campos como rehenes para utilizarlos como escudo en caso de avance de los rebeldes con el apoyo de Kigali.

El Programa Alimentario Mundial (PAM) de las Naciones Unidas tiene reservas de comida para atender inmediatamente a 250.000 personas y más de 200 vehículos para el transporte de aquéllas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 9 de noviembre de 1996