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41º FESTIVAL DE VALLADOLID

Jacques Audiard vulnera el tabú del nazismo en el Ejército francés con 'Un héroe muy discreto'

Formidable exhibición de Dustin Hoffman en 'American buffalo'

Un héroe muy discreto es una divertida e inteligente incursión de Jacques Audiard en un avispero histórico que, después de medio siglo, sigue siendo un asunto tabú en Francia: las amistosas relaciones del Ejército francés con la Alemania nazi durante la III Guerra Mundial y, de rebote, el alcance de su posible complicidad en los genocidios de la Wehrmacht de Hitler. Quizá el comienzo de la contribución del cine a iluminar este tenebroso rincón de la vida europea. Gran película, como grande es American buffalo, donde el pequeño Dustin Hoffman logra una creación de gigante.

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La aproximación de Jacques Audiard en esta su segunda película al gravísimo y pestilente capítulo de la historia donde Un héroe muy discreto mete la nariz es todavía un tanteo cauteloso, en el sentido de que reduce ese siniestro capítulo colectivo a telón de fondo de una aventura individual: un pícaro farsante que falsifica su vida e incluso su identidad y se las arregla para, fabricándose un dossier heroico, alcanzar las cúpulas de la aristocracia militar francesa aliada con el régimen de Hitler.La negrura de este tabú se percibe en que sigue siendo después del paso de medio siglo un tinglado casi innombrable en la Francia actual. Los recientes virajes políticos hacia la derecha y el alarmante crecimiento del ultranacionalismo francés presagian todavía más candados en la puerta, que sigue cerrada a cal y canto, de la caverna donde se esconde toda la verdad acerca de él. La coartada de las minorías militares que se enrolaron en la Resistencia hace tiempo que se vino abajo y poco a poco comienzan a abrirse paso las incógnitas que sobrevuelan sobre el verdadero, y no enteramente explorado, papel de las mayorías y, sobre todo, de las cúpulas del generalato y la oficialidad del Ejército francés, en algunas responsabilidades gravísimas contraidas durante la guerra.

El cine, a través de esta notable película, entra por fin al trapo de esa llamada y lo hace con finura muy francesa: un enorme tacto que no renuncia a la radicalidad y la ira en la mirada, pero que limita a esta mirada a dejar caer o insinuar el fondo del avispero sin hacer gestos que espanten a las avispas. La sagacidad de Audiard es, en este sentido, insuperable, de modo que borda una excelente comedia picaresca, cínica y graciosa, flecos de una tragedia presumiblemente atroz y con toda seguridad carente de la más mínima gracia.

La película se estrenó en mayo en el Festival de Cannes, donde la crítica internacional la apoyó sin reservas, mientras la francesa matizó las cosas, devolviendo a Audiard la pelota con su misma astucia: apoyó el filme, pero más por lo que tiene de evidencia de buen cine que por las oscuridades del fondo histórico sobre el que esta aventura se trenza y arroja con desparpajo luz y vitriolo.

El abordaje por el cine de este auténtico libro negro del Ejército francés no ha hecho más que comenzar, y ése es mérito indiscutible de Un héroe muy discreto. La puerta ha sido vulnerada y algunos focos han penetrado en el enrarecido ámbito del tabú. Sólo queda esperar nuevos focos y, tras ellos, nuevas miradas.

Una vez más, el cine da lecciones de cirugía de la historia, y este primer golpe de bisturí dado por Audiard es ya, por eso mismo, también historia Y no historia de la torva, Francia que colaboró con Hitler, sino de la luminosa Francia que le plantó cara y que nadie representó tan amarga y diáfanamente como el resistente Albert Camus en sus insobornables Cartas a un amigo alemán, convertidas últimamente en libro de cabecera de los restos que nos quedan de la Europa libre.

Si comprometida es Un héroe muy discreto, otro tanto le ocurre a la célebre obra teatral de David Mamet American buffalo, convertida por él mismo en el guión que ha dado lugar a la magnífica película dirigida (correctamente) por Michael Corrente e interpretada (de forma genial) por un Dustin Hoffman cada vez más fiel a sus convicciones y más dueño de su formidable registro de gran intérprete, uno de los más solventes del cine americano.

Chispas resplandecientes

El largo diálogo de Hoffman con Dennis Franz y Sean Nelson (el muchacho protagonista de la estupenda Fresh) es de una intensidad tan veraz y dolorosa que saca chispas resplandecientes de la esquina de la América sombría que representa: una metáfora trágica de dos míseros chorizos negociantes de Nueva York, que arroja inesperada luz -como el pícaro soldado de Un héroe muy discreto sobre su ejército- sobre el siniestro subsuelo que sostiene las cúpulas doradas del espíritu (o la locura) mercantilista americana.Completó, junto al filme dirigido por Audiard, el concurso en la jornada de ayer la irregular película sueca dirigida por Bo Wiederberg La verdad de las cosas. También, como el francés, este filme aborda, desde un aspecto colateral, un asunto relativo a la Segunda Guerra Mundial. Pero con la diferencia de que la aventura individual aquí narrada quiere ser de alto dramatismo: el triángulo, patético e incluso siniestro, formado por una profesora, un joven alumno suyo y el marido de aquella, que comienza como la historia de una liberación y poco a poco acaba convirtiéndose en el relato de una servidumbre.

Es precisamente en esta zona de acabamiento donde la película comienza a perder el fuste inicial y poco a poco se va dispersando por ramas que conducen el relato a ninguna parte. El viejo y proverbial rigor del maestro Wiederberg parece haberse esfumado en una historia muy compleja, a la que no llega a sujetar, dominar y atar todos sus cabos sueltos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 21 de octubre de 1996