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Brendel: "Beethoven nunca se repite"

El pianista interpreta en Madrid las tres últimas sonatas

Alfred Brendel, el primer pianista que grabó completas las obras para piano de Beethoven, interpretó ayer en Madrid las tres últimas sonatas de un compositor que "nunca se repite". Son tres sonatas impresionantes, "cada una conduce al silencio de una forma distinta", según explica. El pianista se sentía curioso, el pasado lunes, de comprobar si el público madrileño aplaudiría las piezas nada más acabar la interpretación o si dejaría un vacío de silencio de varios segundos antes del aplauso. En el último caso, "el público habrá comprendido", según el particular test de Brendel, un pianista intelectual que ama la literatura y el teatro.

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"Hay muchas piezas que terminan. Estas no", dice Brendel refiriéndose a las sonatas números 30, 31 y 32. "La 30 se hace muda, deja de hablar; la 31 es una especie de autoinmolación y la 32 lleva a un largo silencio". Para Alfred Brendel, en Beethoven la idea de la muerte no es crucial, como en Schubert. "Para mí", indica, "el compositor que más trata la muerte en vez de la vida es Schubert. En éste hay una especie de anhelo por la muerte, que es como su madre. En el último Beethoven, sin embargo, está todo: musicalmente funde el pasado, el presente y el futuro, y también lo sublime con lo profano. El segundo movimiento de la 31 es profano, y el segundo movimiento de la 32 es la pieza musical que en mi opinión más se acerca a la experiencia mística, y no tiene importancia ser religioso o no para captar ese mensaje. Beethoven puede situarse dentro o fuera, puede ser maravillosamente emocional o simplemente divertido. Y lo que admiro tanto en él es que funde a la perfección los conceptos intelectuales con los puramente emotivos".Alfred Brendel habla de Beethoven con una autoridad que proviene de sus cientos de recitales ofreciendo las 32 sonatas, cuya última grabación comenzó a realizar en 1992. Para celebrar, este año, su 65º cumpleaños, la casa Philips ha publicado una serie de 25 compactos con una selección de su repertorio (Beethoven, Liszt, Mozart, Haydn, Schumann, Schubert y Brahms). Alto y desgarbado, Brendel tiene unas manos grandes y poderosas, una mirada franca llena de curiosidad y mucho sentido del humor. Sus comentarios no se ciñen sólo a lo musical: puede recordar un viaje que hizo hace 26 años por la ruta del románico rural de Castilla y León como uno de los mejores de su vida o extenderse en su autor favorito, aparte de Shakespeare: Joham Christoph Lichtenberg, el ilustrado alemán, físico, matemático y maestro de aforismos, "cuya principal aportación son numerosos volúmenes de apuntes, un ejemplo de que ser ingenioso no significa necesariamente ser superficial".

Diderot, Nietzsche, Musil o Valery son autores que han influido en Brendel, quien hasta ahora sólo había publicado libros de estudios musicales (ha escrito extensamente sobre las Variaciones Diabelli de Beethoven). Pero el pasado agosto publicó en Alemania un texto ensayístico, de comentarios e ideas, que va ya por la tercera edición: Señalar con el dedo. Uno de los capítulos cuenta la historia de un pianista al que le crece en una mano un segundo dedo índice. "El pianista intenta hacerlo lo mejor posible incluso con ese dedo que le ha crecido", cuenta Brendel, "y el público guarda silencio durante la interpretación. Pero cuando de repente desaparece el dedo extra el público respira aliviado, el hombre que grababa la escena con una videocámara se queda dormido y el crítico saca su bolígrafo para no olvidarse de nada y titula al día siguiente la reseña: Un dedo de más".

Piano centroeuropeo

En la conversación, Brendel deja caer pequeñas frases que sin duda son producto de su afición por la literatura aforística: "El repertorio pianístico centroeuropeo es el central: ¿Para qué voy a alejarme de él?" ¿"Qué constituye la buena interpretación de Mozart al piano?: la combinación de canto y habla". "Cervantes es un precursor de la Ilustración". "Muchas veces el pulso de la música es más importante que el discurso". "La interpretación de la música debe ser como la declamación, y hay muchos tipos de declamación posibles". "Siempre hay gente que trata de ir más allá de los límites, pero los intérpretes auténticos sólo creen que pueden acercarse al compositor".

Brendel está seguro de que su avidez cultural le beneficia como artista. "Pero no quiero generalizar", dice, "y quizá otros que están totalmente aislados en su mundo de música puedan alcanzar grandes metas". Dos de sus obsesiones son los directores teatrales Peter Brook y Giorgio Strehler: "Ambos me han demostrado que se puede desarrollar la obra de arte desde dentro, al contrario de lo que hace la mayoría, que toma un punto de vista y lo fuerza en su búsqueda de expresión de la obra".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 16 de octubre de 1996