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Muere en Vigo a los 88 años el pintor Laxeiro, el más popular creador de la Galicia moderna

Vitalista y comprometido, entroncó con el esperpento de Valle y la serie negra de Goya

José Otero Abeledo, Laxeiro, el más universal y popular artista gallego de este siglo, falleció el pasado domingo en Vigo. El pintor tenía 88 años, que le permitieron vivir una extraordinaria peripecia artística y personal de hombre vitalista, imaginativo, socarrón y bueno. Acompañado de los sones de una gaita, como él había pedido, Laxeiro será enterrado hoy en su localidad natal de Lalín, Pontevedra. "Estaré muy tranquilo de que la naturaleza me vuelva a absorber", declaró en una entrevista reciente. Laxeiro murió tranquilo, según sus familiares, "de puro viejo y después de haberse derrochado en vida".

Ningún artista de este siglo había logrado tal aprobación popular en Galicia, no sólo por su obra, sino en gran medida también por su personalidad, por esa imagen de paisano sarcástico, jovial y comprometido que no le abandonó en sus últimos días. Su avanzada edad no evitó que la noticia de la muerte fuese recibida con verdadera conmoción en ambientes políticos y culturales.La capilla ardiente fue instalada ayer en la Casa de las Artes de Vigo, una de cuyas salas está dedicada al pintor. El féretro aparecía escoltado por una gran foto y la reproducción de un texto manuscrito del propio artista: "Sí, el arte alimenta, ya que encuentras un mundo por el que tú vuelas, como si fueras un ángel". "Yo nunca me olvidaré de ser gallego", concluye el manifiesto del pintor.

La imaginación y el galleguismo fueron dos de las fuentes principales de la inspiración de Laxeiro, al que con frecuencia se ha entroncado con la tradición de la serie negra de Goya y del esperpento de su paisano Valle-Inclán. En esa clave abundaron las numerosas personalidades que acudieron a rendirle el último homenaje, así como a expresar las condolencias a sus familiares, su hija Mari Cruz y sus únicos nietos, Carlos y Heriberto. Su esposa, Lala, falleció hace siete años.

Laxeiro es un personaje insoslayable de la plástica gallega ya que, junto a una generación de nuevos artistas surgidos en los años treinta, contribuyó como nadie a su renovación. La Medalla de Castelao, máxima distinción de la Xunta, la Gran Cruz de la República Argentina o la medalla de oro de Vigo, cuyo Ayuntamiento también le dedicó hace años una calle, forman parte del unánime reconocimiento que disfrutaba por su obra y su influencia sobre las más jóvenes generaciones de artistas gallegos.

También tuvo durante toda su vida un alto concepto de la sencillez. Era un personaje extraordinariamente popular y accesible, sobre todo en Vigo, donde se instaló en 1942, tras haber vivido en Cuba, como un emigrante más, en Madrid y en Argentina, en una especie de exilio voluntario que le forjó definitivamente como artista al estrechar su relación con las vanguardias del momento. "Pasé días de hambre y de dicha, pinté retratos y regalé murales a las paredes", escribió, "nadie con tan pocos medios dio jamás tanto a la sensibilidad artística". En los últimos años, ya consagrado, su estampa se hizo próxima y consustancial en Vigo a la tertulia que mantenía en la céntrica cafetería Goya.

En su trayectoria artística, que atraviesa varias etapas, casi siempre vinculadas a un expresionismo muy personal, Laxeiro "mostró su capacidad para adaptarse a todos los movimientos intelectuales de su tiempo", destacó el presidente de la Xunta, Manuel Fraga. La vida fue generosa con él. "Sintió el placer de vivir y devolvió con creces esa generosidad", comentó su amigo Román Pereiro. Otro amigo y colega, Manuel Abelenda, lo describe como "un jocundo vividor y hombre profundamente bueno". Entre ambas evocaciones, el también pintor y ex director general de Cultura de la Xunta, Antón Pulido, no dudó en considerarle "el gran pintor gallego de todos los tiempos, no sólo del siglo XX".

En un reciente homenaje, el alcalde de Vigo, Manuel Pérez, definía a Laxeiro como un pillabán (un pillo bueno). "Él mismo me dijo después que era lo que le hubiese gustado ser en la vida", recordó ayer Pérez, "fue un artista tan completo que hasta hizo arte de su propia vida". "Vigo ha perdido parte de su paisaje", se lamentaba el anterior alcalde, Carlos Príncipe, tras subrayar el compromiso de Laxeiro con la democracia y la izquierda.

El obispo de Tuy-Vigo ofició ayer los funerales en la concatedral de Santa María. Será enterrado hoy en Lalín, mientras un gaiteiro interpretará la marcha del Antiguo Reino de Galicia, cumpliendo el deseo dicho por Laxeiro al alcalde de su pueblo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 23 de julio de 1996