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Tribuna:EL DEFENSOR DEL LECTOR

A Logroño le quedan aún muchos caramelos

Fernando Reinares Hernaiz, gerente de la empresa de caramelos Aldusa, se ha dirigido al Defensor del Lector para quejarse de un título aparecido en el suplemento Negocios de este diario el 26 de mayo pasado: 'Logroño se queda sin caramelos'. Piensa que el reportaje en el que se informaba sobre el traslado de la fábrica de lbs míticos caramelos toffes de Viuda de Solano de Logroño a Tarazona (Zaragoza) ha ocasionado "cuantiosos daños a nivel nacional e internacional" a su empresa. Explica el gerente de La Cobra-Aldusa que su empresa, "como fabricantes y no comercializadores de toffes y pastillas de café y leche de Logroño", data de 1881, es decir, que es tan centenaria como Viuda de Solano, y vende actualmente sus caramelos no sólo en España, sino también en Holanda, Francia, Portugal, Italia y China. Se trata de una empresa en la que trabajan 20 familias, las cuales exigen que este diario rectifique su afirmación de que "Logroño se queda sin caramelos", sobre todo porque, afiriria el gerente de Aldusa, "poseemos lo que Viuda de Solano no tiene: el poder ostentar el anagrama de Rioja-calidad en caramelos".En realidad, la apertura del reportaje en primera página del suplemento estaba titulada: Los 'toffes' de la Viuda de Solano dejan Logroño. Y ese título era correcto. Dentro, sin embargo, se titulaba a secas: Logroño se queda sin caramelos.

El Defensor del Lector ha pedido explicación al responsable del suplemento, P. Cases, quien reconoce que el título vulnera el Libro de estilo de EL PAÍS, que exige que los títulos respondan fielmente al contenido del artículo, cosa que en este caso no se hizo. Pero Cases ha querido explicar cómo se produjo el error con estas palabras: "Cuando decidimos llevar a la portada del suplemento el reportaje sobre el traslado a Tarazona (Zaragoza) de la planta de caramelos que la empresa Viuda de Solano tenía en Logroño optamos por un titular informativo, mientras que para el título del reportaje, dado el carácter emblemático de la empresa y su general conocimiento en el resto del territorio nacional, utilizamos uno más genérico que, a la vista de los resultados, no sólo supuso no seguir las pautas que marca el Libro de estilo de EL PAÍS, sino que se demostró inexacto. Lamentamos los perjuicios que tal inexactitud ha podido causar, aunque nos ha sorprendido sobremanera la magnitud de los mismos, ya que de la lectura del mencionado reportaje es imposible inferir que se esté poniendo en cuestión la viabilidad de las erripresas del sector fabricante de caramelos en Logroño. Y esto es no sólo aplicable a la empresa objeto del reportaje, sino a las otras dos empresas que se mencionan, El Avión o La Cabra, a las que se hace referencia, además de la mencionada Viuda de Solano, en un intento por dejar constancia de que en Logroño existen otras productoras, aunque es cierto que en el reportaje se aludía a ellas sólo como "comercializadoras" y no como "productoras".

Vascos y canarios

Desde Melilla escribe al Defensor del Lector Carlos Platero Caceres, para protestar por un título aparecido en la primera página del ejemplar de EL PAÍS del lunes 27 de mayo: Vascos y canarios se oponen al plan de privatización del PP. Leyendo el texto, dice el lector de origen canario, "veo que se refiere al grupo político Coalición Canaria, que en las últimas elecciones ha obtenido un resultado de votos muy lejano de la mayoría en las islas, pero según el titular somos los canarios quienes nos oponemos al plan del PP". Y añade: "Si Coalición Canaria les parece muy largo, busquen otra solución, pero no nos adjudiquen esas decisiones a todos los canarios".Según el lector, con estos titulares de los periódicos va a resultar que "todos los catalanes son de CiU, todos los vascos del PNV y todos los canarios de Coalición Canaria".

El lector tiene razón en parte. Y ya más de un vasco o catalán se ha lamentado de lo mismo. Lo que ocurre es que también es cierto que si en los títulos tuviéramos que especificarlo siempre todo, resultaría, además de feo, tipográficamente imposible. De lo que sí hay que tener mucho cuidado es de especificarlo bien en el texto para que no puedan quedar dudas, cosa que siempre hace este diario. Y que, siempre que se pueda, el titulo resulte lo más ajustado posible al contenido del texto, como pide el lector.

No se dice semen de buey

María del Mar Fernández Poza escribe para darle un tirón de orejas a nuestra corresponsal en Londres Lola Galán por haber escrito en una de sus crónicas "semen de buey". Recuerda la lectora que "siendo un buey, según el diccionario de la Real Academia Española -y que cualquiera con mínimos conocimientos de la cuestión ganadera debería saber-, un 'macho vacuno castrado', difícilmente puede tener mayor interés comercial el semen de buey". Y añade: "Lo lógico es escribir semen de toro, o de vacuno, pero nunca de buey". Y pide que, por favor, el diario "revise con mayor cuidado los términos de origen más o menos técnico para no hacer caer en error a los lectores".Lola Galán ha sonreído al conocer la carta de la lectora y reconoce que se ha tratado, sin duda, de un despiste de traducción del "beef" inglés, y reconoce que es verdad que un buey es un vacuno castrado y que le promete solemnemente que nunca volverá a hablar del "semen de los bueyes".

Se equivocó el Defensor

Javier Suárez Llana, de Madrid, se queja, con toda la razón, de un error que se le ha escapado a este Defensor del Lector en su última columna. "Me llama la atención", escribe, "que sea precisamente en su artículo sobre las bondades del Libro de estilo del domingo pasado, donde se le escape,el verbo chequear, que, aunque recogido como americanismo en la edición de 1992 del diccionario de la Real Academia,. esconsiderado como no utilizable por su mencionado Libro de estilo de EL PAÍS".En realidad el Libro de estilo es aún más tajante: "Nunca debe emplearse este anglicismo. Sustitúyase por 'verificar', 'comprobar' o 'revisar". Por ello, después de entonar mi mea culpa ante el lector, le prometo que en lo sucesivo revisaré con mayor atención mi texto.

Los lectores pueden escribir al Defensor del Lector o telefonearle al número (91) 337 78 36.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de junio de 1996