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Roldán acusa a González de saberlo todo" sobre los GAL, pero no aporta ninguna prueba

El ex director general de la Guardia Civil Luis Roldán trató ayer de incriminar abiertamente a Felipe González en la trama de los GAL. No fue el único nombre que aportó. Roldán dejó por unas horas la celda de la prisión de Brieva (Ávila) y compareció ante el juez del Tribunal Supremo Eduardo Móner con ganas de hablar. El ex presidente del Gobierno, dijo, estaba al tanto de las acciones delictivas contra ETA en el sur de Francia. No aportó prueba alguna que avalase sus graves afirmaciones, pero sostuvo que González "lo sabía todo" porque, razonó, así se lo había comentado el ex ministro del Interior José Barrionuevo. Y añadió: "Era una acción política del Gobierno". Barrionuevo le replicó de inmediato: "Miente"

El ex ministro José Barrionuevo, a través de quien Roldán quiere involucrar a Felipe González en el caso GAL, reaccionó en los pasillos del Congreso. Desde su punto de vista, la declaración de Roldán ha tenido por objetivo "ensuciar a personas honorables" faltando deliberadamente a la verdad. Del lado contrario, la acusación popular ha aprovechado este testimonio para volver a pedir al juez que impute a González.Roldán no aportó ninguna revelación incriminatoria sobre el secuestro de Segundo Marey, que es el caso que instruye el juez Móner, pero conectó el ventilador y esparció abundantes datos con los que buscaba pasar factura a antiguos ministros de Gobiernos socialistas, magistrados del Supremo y de la Audiencia Nacional, abogados y fiscales con los que coincidió durante su trayectoria en la Dirección General de la Guardia Civil. No quiso declarar como testigo. A petición propia, lo hizo como imputado, por lo que, en caso de que haya mentido, no podrá actuarse contra él por este testimonio.

La primera aportación de Roldán consistió en una supuesta reunión en el despacho de Barrionuevo, en 1987, cuando se produjo el atentado que costó la vida al refugiado vasco Juan Carlos García Goena. En ella, según esta versión, participaron el ministro, Rafael Vera, ex secretario de Estado de Seguridad, y Roldán. Barrionuevo preguntó quiénes eran los asesinos y Vera respondió que había sido "cosa de Amedo y Domínguez" para obligar al Gobierno a solucionar sus problemas. Barrionuevo planteó qué se podía hacer, y quedaron en consultar a Felipe González.

Siempre según la versión de Roldán, tras un Consejo de Ministros se reunieron González, el entonces ministro de Justicia, Fernando Ledesma, y el propio Barrionuevo. Frente al criterio de éste último, Ledesma habría aconsejado presentar una querella "para poder tener el tema controlado a través del fiscal". Según Roldán, González dio la razón a Ledesma. La querella la presentó el entonces fiscal jefe de la Audiencia Nacional Melitino García. Roldán agregó que el asunto se descontroló al llegar al juzgado el magistrado Baltasar Garzón, en sustitución de Francisco Castro.

Los ex policías José Amedo y Michel Domínguez fueron juzgados por este asesinato, pero resultaron absueltos. No podrán volver a ser juzgados.

Para Barrionuevo, está claro que Roldán miente. Sólo hay que echar un vistazo a las hemerotecas. No existió ninguna de aquellas reuniones. Fernando Ledesma también lo niega, "radical y absolutamente". El ex titular de Justicia sostiene que nunca participó en una reunión semejante e interpreta que el juez está ante "una total y completa invención" de Roldán. Ledesma, ex presidente del Consejo de Estado y actual magistrado del Supremo, fue tajante y reiterativo al asegurar que jamás asistió a ninguna reunión en la que se hablara de los GAL.

Roldán, para quien el fiscal pide 32 años de cárcel por malversación, estafa, fraude fiscal y falsedad, también indicó que Barrionuevo le invitó a comer cuando se conoció la sentencia condenatoria de Amedo y Domínguez, en 199 1, para mostrarle su preocupación por los policías. Según Roldán, Barrionuevo le dijo: "¿Tú crees que sin que lo supiera el presidente, yo hubiera podido hacer algo?". También le comentó que los demás integrantes del Gobierno conocían la actividad de los GAL y que algunos estaban dispuestos a ser "solidarios, pero no cómplices". Añadió que Barrionuevo precisó más: todos estaban "en el mismo barco" y no sólo él, sino también "el presidente, el partido y Alfonso Guerra".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 30 de mayo de 1996

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