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Alexandra Lapierre: "Fanny Stevenson fue la primera mujer moderna de la historia"

La autora publica la biografía de la esposa del autor de 'La isla del tesoro'

Cada vez que Alexandra Lapierre miraba en la solapa de cualquiera de los libros de Robert Louis Stevenson leía opiniones encontradas sobre su esposa Fanny. Unos la tachaban de santa y otros la calificaban de castradora o aventurera. "Debió ser una persona interesante", se dijo a sí misma la escritora antes de empezar una investigación que ha ocupado cinco años de su vida y que la ha obligado a viajar por medio mundo. "Me cautivó su lado humano y el hecho de que viviera una historia de amor tan sobrecogedora", aseguró ayer la autora de Fanny Stevenson (Plaza & Janés).

Los Lapierre son una familia bien avenida. A la entrevista acude su padre Dominique, quien se muestra encantado con "la epopeya humana" descrita por su única hija. Ella, ajena a los piropos de su progenitor, se enciende hablando de la controvertida mujer que fue Fanny Stevenson, pionera entre los buscadores de oro, pintora en el París de los impresionistas y aventurera hasta el extremo de irse a los mares de sur y formar con los indígenas una comunidad. "Intentó ser madre, esposa, amante y pintora, y eso en el siglo pasado no era nada sencillo. Cuando se casó él era un chico que no ofrecía nada, apenas había escrito unas pocas líneas. Ella era diez años mayor, tenía tres hijos de un matrimonio anterior y ni un duro en el bolsillo. Fue la primera mujer moderna de la historia".De la biografía escrita por la autora de El ausente se desprende que Fanny Stevenson fue una dama de armas tomar. Si se la ha tratado mal en algunos de los trabajos publicados sobre la vida de Stevenson se debe, a juicio de Lapierre, a que fueron escritas por "ingleses y ella era americana y por tanto inculta". Lo que tiene de novedoso esta obra es que en ella Fanny aparece como la persona que consiguió, a base de intensos cuidados, alargarle la vida y que, gracias a ella, escribió su obra maestra: "La isla del tesoro fue concebida para entretener al hijo de Fanny".

Reconoce la escritora que la relación de Stevenson con su esposa tuvo mucho de maternal y que en muchos momentos ella, que había perdido a su hijo pequeño, le vio como al vástago que no podía perder por segunda vez. "Él necesitaba a su lado alguien que le impidiera cometer tonterías y que le dejara escribir. Fanny fue madre y cómplice a la vez. Ella sabía darse sin renunciar a sí misma".

En el curso de la investigación, que la ha obligado a viajar desde Edimburgo hasta San Francisco pasando por las islas Samoa, Alexandra Lapierre encontró a un personaje en Honolulú al que debe una buena parte de su éxito. El misterioso sujeto guardaba vestidos, joyas y cartas de la esposa de Stevenson. La escritora tuvo que leer toda la documentación que se le facilitaba en el curso de distintos paseos en automóvil. "Durante cuatro días me dediqué a viajar en coche con aquel hombre leyendo las cartas, diarios y recetas de cocina de Fanny. Fue muy vertiginoso porque yo me mareo en los automóviles".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 31 de enero de 1996