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Tribuna:

Señorías

Sus señorías han tenido una mala semana. Todos los esfuerzos acumulados para demostrar que son ovnis, objetos volantes no identificados, han recibido un refrendo, así como la sospecha de que la trama parlamentaria del GAL es más extensa de lo que habíamos imaginado. El señor Pons dejará la presidencia del Parlamento en olor a Vaticano y no se conocen hasta ahora las reacciones de la fracción abortista del PSOE, encabezada por la señora Alberdi, dispuesta a digerir las resistencias pasivas interiores que han tenido en Pons su cabeza visible y las exteriores que reúnen complicidades tan inquietantes como la del pujolismo y el loyolismo, de Loyola del Palacio. Cuando gane el PP y vayan a la cárcel las mujeres abortadoras y los médicos que las atiendan, es de esperar que el señor Pons se ponga al frente de las manifestaciones públicas reclamando el indulto y la revisión de las leyes sobre el abortó. Allí nos encontraremos.Las otras señorías, las de segunda división, han demostrado que el Senado sólo sirve para demostrarse a sí mismo que no sirve para nada. Las senadeces que han rodeado la formación de la comisión GAL ilustran sobre el filibusterismo más tragicómico, y menos mal que el PP ha puesto fin a la comedia, porque el que estaba haciendo el ridículo era el presidente de la comisión, obligado a su pesar a actuar como alcahueta de la partida tramposa. Cuando se escriba la historia de los GAL habrá que dedicar un capítulo a las complicidades objetivables, y dentro de ese capítulo deberá tener especial relevancia el apartado sobre las tramas parlamentarias del GAL. Es decir, el papel cuantitativo y cualitativo de los diputados que por activa y por pasiva han colaborado para que no prosiguiera la investigación, sumándose como guardaespaldas intelectuales, orgánicos y activos de esta historia de checas democráticas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 4 de diciembre de 1995