Crítica:POPCrítica
i

Como peces en el agua

El último de la Fila es el fenómeno musical indiscutible de este país; hacer un recuento de la cantidad de entradas vendidas entre este concierto, agotadas desde julio, y los del día 10 (también agotadas) y 11 de noviembre causa una verdadera sorpresa ante el irregular interés que se viene percibiendo por la música, sobre todo hacia las bandas que están germinando en las salas pequeñas.Desde primeras horas de la noche el movimiento alrededor y dentro de la plaza de toros fue continuo, las 20.000 personas que consiguieron la entrada para el concierto no pararon de aplaudir, hacer la ola y gritar hasta la apertura del telón, ya con Quimi Portet y Manolo García sobre el escenario y con toda la maquinaria de un multitudinario espectáculo a punto.

El último de la Fila

Quimi Portet (guitarra), Manolo García (voz), Nacho Crespo (teclados y percusiones), Antonio Fidel (bajo), José Luis Pérez (guitarra), Juan Carlos García (batería), Pedro Javier González (guitarra española y laúd). 20.000 personas. Entrada: 1.800 pesetas. Plaza de toros de las Ventas. Madrid, 22 de septiembre.

La calidez musical de Manolo Y Quimi probablemente sea una de las claves para ser recibidos con las puertas abiertas incluso mucho antes de que hubiera conocimiento del contenido de su trabajo. Ellos y su música venden tranquilidad y sosiego, quizá por eso de la absoluta confianza de un público masivo hacia unos músicos que, como bandera de su personalidad, han conseguido transmitir una actitud sin recovecos.

La apuesta por el concierto de El Ultimo... era segura, pero la perfección que se le brindó al público, el equilibrio entre música y escenario le sitúa entre uno de los mejores recitales que la plaza ha albergado en su historial más lúdico e inocente.

A las diez en punto se abrió el telón con la expectación sobre el diseño que traerían preparado para la presentación de La rebelión de los hombres rana; gran ovación para un diseño realizado por Manolo y Quimi junto a Josito Alegre, con pinturas en continuo movimiento sobre las dos pantallas gigantes que delimitaban el escenario creadas por el pintor madrileño Miguel Brayda. Peces, insectos y todo tipo de animales acompañaron la noche en justa combinación con las letras de la banda; todo a través de unas luces suaves y cambiantes, mucho más sobrias que aquel despliegue saturado que realizaron en la presentación de su anterior disco.

Hacía casi tres años que el dúo no había vuelto a subir a un escenario de la capital y tras aquella presentación en marzo del 93 de su trabajo Astronomía razonable que causó, como ahora, un revuelo de grandes magnitudes, la vuelta no marca ninguna distancia entre las canciones de ambos trabajos pero sí en la calidad de su directo. Manolo García cantó mejor que nunca y Quimi y el resto de los músicos consiguieron una claridad y profundidad perfectamente devuelta al público gracias a un sistema de sonido que ya ha sido experimentado por bandas como Depeche Mode o The Cure.

Desde Querida Milagros pasando por Sara, Mar antiguo, A veces se enciende, canciones de trabajos anteriores que no faltaron en ningún momento, hasta dar un repaso a La rebelión de los hombres rana, el público no dejó de corear y Manolo García no paró un minuto llevando la batuta de un concierto que culminó en éxito absoluto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0020, 20 de septiembre de 1995.