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El bioquímico español Manuel Losada gana eI Príncipe de Asturias

Comparte el galardón con el Instituto de Biodiversidad de Costa Rica

Los estudios sobre el desarrollo y la protección de la vida en el planeta dieron ayer el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica 1995 al bioquímico sevillano Manuel Losada Villasante, de 65 años, pionero en los trabajos sobre asimilación fotosintética del nitrógeno, y al Instituto Nacional de Biodiversidad, de Costa Rica (Inbio), una institución única en el mundo, creada en 1989 y dedicada al análisis científico de las especies y su diversidad. El galardón, dotado con cinco millones de pesetas y una escultura de Miró, fue concedido de forma compartida por decisión unánime del jurado.

En el caso del profesor Losada, catedrático de Bioquímica Vegetal y Biología Molecular de la Facultad de Biología de la Universidad de Sevilla, se destaca el carácter "pionero" y "esencial" de sus investigaciones sobre la asimilación fotosintética del nitrógeno, "clave fundamental para el desarrollo de la vida". Losada Villasante -que fue propuesto este año al galardón por el presidente del jurado, Julio Rodríguez Villanueva- se ha preocupado sobremanera por aspectos prácticos de la investigación científica para traducir la energía solar en energía química útil y la utilización de microalgas para la producción de biomasa rica en proteínas.Losada Villasante declaró ayer en Sevilla, tras conocer que había sido premiado: "He sentido una enorme alegría al principio. Después, también tristeza, porque muchas personas que me han ayudado durante estos años ya no están aquí para compartirlo conmigo". Y añadió: "Los, científicos españoles siempre vuelven a España, como en mi caso. No hay razón para hablar de fuga de cerebros", informa Rafa Bosch.

El Instituto de Biodiversidad de Costa Rica (Inbio) es, según se afirma en el acta del premio,"un magnífico ejemplo de uso de la ciencia para el bien de la humanidad". Esta candidatura fue propuesta por la embajadora de Costa Rica en España, Rosemarie Karpinski. El director de Inbio, Rodrigo Gámez, destacó ayer que este galardón confirma que "nuestro sueño de conservar la diversidad biológica de nuestro país promoviendo su conservación y utilización inteligente se está haciendo realidad". Inbio es una institución privada sin fines lucrativos y declarada de interés público. En ella trabajan 125 personas, desde campesinos a científicos.

Entre las actividades pioneras y más conocidas internacionalmente de Inbio destaca la firma de convenios con grandes empresas y punteros centros de investigación para, a cambio de poner a su disposición la riqueza biológica de Costa Rica (en torno al 6% de toda la que existe en la Tierra, más de medio millón de especies, más de un 25% del territorio nacional protegido), recibir transferencia tecnológica, promoción de entramado industrial propio y reparto equitativo de los beneficios resultantes de las patentes que se vayan descubriendo. El primero lo firmaron con la multinacional farmaceútica Merck; luego le han sucedido otros como el Instituto Nacional del Cáncer de EE UU y el British Tecnology Group -han hallado que unas hojas de una leguminosa son eficaces contra las plagas agrícolas de ciertos gusanos microscópicos-. Gámez pone como ejemplo de beneficiarse de la naturaleza sin dañarla el acuerdo con una empresa norteamericana: "Buscamos perfumes y esencias naturales capturando el aire del bosque; sólo tocamos el aire". Unos acuerdos que ya han sido copiados por otros países. "Sólo con que participáramos en un 2% de los beneficios de tres fármacos que se vendan bien, Costa Rica atraería tantos ingresos como los que le reportan ahora el café y las bananas", asegura.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 20 de mayo de 1995