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ADIÓS A LA FARAONA

España pierde a su artista más popular

Decenas de miles de personas desfilan ante la capilla ardiente de Lola Flores

Con mantilla blanca y las uñas pintadas de rojo, Lola Flores, La Faraona, dejó ayer para siempre los escenarios de la vida y del arte. Tenía 72 años. La artista más popular y querida de la canción española falleció en la madrugada de ayer en Madrid después de luchar durante 25 años contra el cáncer. La conmoción por su muerte que ha llegado hasta Hispanoamérica, arrancó en su domicilio de La Moraleja y se hizo patente en los alrededores de la plaza de Colón de Madrid, donde hacia el mediodía se instaló la capilla ardiente, en medio de un mar de claveles rojos y de lágrimas. Miles de admiradores de todas edades y clases sociales desfilaron ante el ataúd abierto. El cortejo fúnebre de la polifacética Lola de España partirá hoy a las 11.30 hacia el cementerio de la Almudena.

El lunes le había pedido a Dios que se la llevara, cansada ya de luchar. Lola Flores, la estrella más popular y querida de la canción española, murió en la madrugada de ayer, a los 72 años, en su domicilio madrileño de La Moraleja. Arrastraba desde hace años un cáncer de pecho contra el que había luchado con tesón. La muerte de La Faraona, aunque esperada, ha provocado una enorme conmoción popular.

Entre lágrimas y claveles rojos, miles de admiradores se arremolinaron desde primeras horas de la mañana en la madrileña plaza de Colón, donde se instaló la capilla ardiente, para despedir a Lola Flores, cubierta con una mantilla blanca regalo de su amiga Carmen Sevilla, con las manos cruzadas sobre el pecho, enredadas en un rosario de plata, y las uñas pintadas de rojo. La Faraona será enterrada hoy al mediodía en el cementerio de la Almudena. Un dispositivo especial de la Policía Municipal de Madrid ordenará el recorrido del cortejo, que partirá de la calle Jorge Juan y seguirá por Goya y la avenida de Daroca. Tanto los Reyes como el presidente del Gobierno enviaron ayer telegramas de pésame a la familia.

Su estado se había deteriorado mucho los últimos días. Conoce dora de su destino, Lola Flores pidió que no le administraran más medicamentos. Murió a las 4.30 horas en brazos de su secretaria y confidente, Carmen Mateu. A su lado, se encontraban su marido, Antonio González, El Pescaílla; sus dos hijas, Lolita y Rosario, y familiares cercanos. Muy temprano el domicilio de la artista se llenó de amigos y periodistas. Unos 50 cámaras y fotógrafos montaron guardia durante toda la mañana ante el chalé de Lola Flores, en medio de un ambiente no exento de carreras, tensiones y tiranteces, que estallaron a la llegada del hijo de la artista, Antonio, procedente de Málaga.

Compañeras de profesión

El mundo del cante y el flamenco se emparejó, una vez más, con los personajes de la jet marbellí. Las primeras en llegar fueron sus compañeras de profesión y amigas Carmen Sevilla y Marujita Díaz, a quienes se unieron poco después Cary Lapique y Carlos Goyanes. Paquita Rico, La Chunga, Perlita de Huelva, Pastora Vega, María Dolores Pradera, Concha Velasco, Ana Belén y Rocío Jurado se acercaron a dar su último adiós a La Faraona. Rocío Jurado, de riguroso negro, recordaba la pérdida de sentimiento y arte.

La salida del féretro del domicilio se produjo cerca de las once de la mañana, en medio de un cortante silencio. Familiares y amigos despidieron desde la puerta los restos de la bailaora y cantante. Al mediodía, con la calle ya semivacía, solo quedaba, dormido en el domicilio, El Pescaílla.

El féretro llegó al Centro Cultura de la Villa, en la plaza de Colón, donde quedó instalada la capilla ardiente, en tomo a las dos de la tarde. Fue recibido en medio de grandes aplausos y algún grito esporádico de "Lola, Lola". Media hora después se abrían las puertas al público en medio de una tremenda confusión.

Transcurridos los primeros momentos de desconcierto, la cola alcanzó un dinamismo tremendo: pasaban por delante del féretro a un ritmo de 25 personas por minuto. Le arrojaban claveles, la llamaban guapa y le tiraban besos.

La plaza se llenó pronto de claveles. Las perlas se mezclaron con la bisutería en una cola abarrotada, sobre todo, de mujeres maduras, jóvenes y ancianas. Tres generaciones despidieron, clavel en mano, a "una gran, artista, una gran mujer y una gran madre", como repitieron muchas de las personas que acudieron a darle su último adiós. Aunque todos conocían la enfermedad mortal que padecía Lola Flores, el sentimiento general era de incredulidad: "Parecía inmortal".

Un modo de vivir

El director de cine Pedro Almodóvar también elogió vivamente la profesionalidad de la artista al visitar la capilla ardiente: "Lola era incatalogable, no se la puede etiquetar de folclórica, no porque no lo fuera sino porque fue mucho más. Ella inventó un modo de cantar, de bailar, de ser y de vivir dentro del arte flamenco. En Lola he perdido una de mis madres y a una colega".

Las primeras en llegar a la capilla ardiente, instalada en el Centro Cultural de la Villa, fueron su hermana Carmen ["con ella se va parte de mi vida artística, fue mí segunda madre"] y su secretaria Carmen Mateu, en cuyos brazos falleció. Lolita, su hija mayor, entró de la mano de su marido, Guillermo Furiase, y de la de Antonio Carmona, cantante de Ketama. Fue recibida por un efusivo abrazo de Paco Rabal.

Josefa Bravo de la Fuente, de 71 años, consiguió su propósito: ser la primera. Desde las diez de la mañana aguantó la cola bajo un potente sol de primavera. "Si llegamos tres horas. más tarde, a trabajar, da igual. Lola se lo merece todo", aseguraban tres treintañeras, mientras avanzaba la cola. Muchas personas esperaban su turno escuchando las últimas noticias en pequeños transistores; algunas mujeres se llevaron a los niños y no faltaron ni las cámaras de vídeo, ni las máquinas automáticas de fotos.

Mientras El Pescaílla y sus hijos pequeños, Antonio y Rosario, lloraban en privado la muerte de Lola Flores, Lolita, de riguroso luto y sorprendentemente serena aseguró en una improvisada rueda de prensa que "nosotros no queríamos esto, pero mí madre nos lo pidió. Ella quería que el día de su muerte la pusieran en un teatro para que sus admiradores se despidieran de ella. Os pido un poco de respeto. No la saquéis demasiado ridícula. Se merece un respeto por lo que ha sido y por lo que será".

Ni el frío viento que se levantó al filo de la medianoche hizo desistir a los incondicionales del Hola, que aguantaban estoicamente en la calle esperando el momento de verla por última vez. Dentro, junto al féretro, se agolpaba una montaña de claveles depositados. por todas las personas que le habían rendido un último homenaje. Acompañando a Lolita, a Carmen, la hermana de la cantante, y a Carmen Mateu -la tata, como la conocen todos en la casa de los Flores- estaban Paquita Rico, Marujita Díaz, La Chunga, Juanito Valderrama, Tony Leblanc y Joaquín Cortés, entre otros. Sobre la 1.30 llegó Rosario, visiblemente desencajada; informa Miguel Mora. Ayer por la noche se anunció la llegada de Julio Iglesias desde Miami, quien al enterarse de la noticia, al parecer, decidió viajar a España para estar presente en el entierro, aunque la familia de Lola Flores no confirmó su asistencia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 17 de mayo de 1995