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Aliados y enemigos en la II Guerra Mundial hacen en Dresde un llamamiento a la paz

La comnemoración del 50º aniversario del bombardeo de la ciudad alemana de Dresde, que se cumplió ayer, reunió en la capital de Sajonia a representantes de los países enfrentados durante la III Guerra Mundial y produjo un llamamiento conjunto contra la guerra por parte de los enemigos de hace medio siglo. El presidente de Alemania. el democristiano Roman Herzog, se pronunció contra todo intento de contabilizar los muertos de uno y otro lado y tratar de extraer el saldo más favorable. Apenas hubo actos de protesta.

Participaron los alcaldes de Conventry y de Dresde, las. dos ciudadades arrasadas por las bombas y hoy día hermanadas. Bombas alemanas coventrizaron la ciudad británica le introdujeron una nueva palabra en el idioma inglés como sinónimo de arrasar. Años después la guerra dio un giro y le tocó a la población de Dresde quedar arrasada bajo las alfombras de bombas británicas. Los periódicos de estos días están plagados de testimonios personales con algunos que parecen arrancados de una película de Luis Buñuel. Relata un testigo que vio correr en medio de la ciudad en llamas una jirafa huida del zoo de Dresde. Pocos días más tarde el animal servía para saciar el hambre de quienes se habían quedado sin nada.Dresde sufrió los terribles bombardeos y luego pasó casi 45 años de dictadura prusiano-estalinista, y ahora trata de buscar el tiempo perdido. Las bombas destruyeron la basílica de Nuestra Señora, uno de los grandes templos protestantes de la humanidad y los habitantes de la ciudad se encargaron entonces' de trasladar las piedras y numerarlas. Ahora, medio siglo después, se ha puesto en marcha la reconstrucción.

El presidente alemán pronunció en el acto conmemorativo de ayer un discurso histórico. Antes de que hablara Herzog, un grupo de media docena de manifestantes desplegó una pancarta que decía: "Los alemanes, no son víctimas sino autores". Los encargados del orden les quitaron la pancarta y les sacaron fuera del recinto en que se celebraba la ceremonia.

Herzog quitó al acto cualquier significado de ajuste de cuentas: ."Nos pronunciamos en contra de cualquiera que quiera interpretar nuestro duelo como si nosotros tratáramos de compensar los crímenes cometidos por los alemanes contra otros pueblos y sus propios ciudadanos con las propias víctimas de la guerra y la expatriación". El sufrimiento humano, concluyó Herzog, "no puede ser saldado, sino que tiene que ser superado a base de compasión, reconocimiento y aprendizaje".

"Nuestra propia carga"

En otro momento de su discurso, el presidente alemán dijo: "No intentamos reducir nuestra propia carga con comparaciones. Se trata de nuestra historia y no de la de los demás. De la propia historia es de donde mejor se aprende".

Nadie pone en duda lo inhumano de los bombardeos, continuó Herzog, pero se negó a entrar en la discusión de si son un atentado contra el derecho internacional, porque %de qué sirve esto a la vista de la distancia de 50 años y a la vista del amargo reconocimiento de que el orden jurídico internacional permanece hoy día impotente ante la guerra y el genocidio?". Herzog recordó que "la ciudad fue destruida dentro de una guerra desencadenada por un Gobierno alemán".

. En la valla que rodea las obras de reconstrucción de la basílica de Nuestra Señora, un pasquín mostraba una imagen de las ruinas de la ciudad tras el bombardeo de los aliados con un texto encima que decía: "Gracias a Hitler no sólo recibimos. autopistas construidas sino también nuevas ciudades. ¡Nunca más el fascismo! ¡Nunca más la guerra!".

El número de muertos del bombardeo de Dresde ha desencadenado desde siempre una guerra de cifras cargada de tintes ideológicos. En un intento, de equiparar los crímenes del nazismo con los de los aliados, neonazis de toda laya inflaron el número de muertos. Un representante de esta corriente podría ser. el historiador filonazi británico John Irving.

Los partidarios del llamado socialismo real tampoco se quedaron cortos al exagerar sobre el número de muertos. Con ello creían favorecer la visión soviética de la historia, sobre todo desde el inicio de la guerra fría. Esta inflación interesada de los muertos de Dresde servía para presentar a los imperialistas británicos y norteamericanos como elementos de la misma catadura moral que los nazis.

Ultraderecha y ultraizquierda coinciden en el intento de buscar un cierto parangón entre Auschwitz y Dresde. Los estudios más serios coinciden en estimar un máximo de. 35.000 muertos. Dresde era un nudo ferroviario estratégico y centro de industrias de interés militar. Las bombas apenas afectaron a esos objetivos y la población civil de la ciudad llevó, como casi siempre ocurre, la peor parte.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 14 de febrero de 1995

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