No hay quien pueda con los japoneses
La crisis y las buenas exposiciones dominan el panorama del Salón del Cómic de Angulema
En todo salón del cómic que se precie la palabra crisis suele aparecer con cierta frecuencia en boca de los profesionales del sector. El de Angulema no es una excepción. Es ésta una industria que, por lo menos en Europa, ni se consolida ni desaparece. En EE UU, los productos más interesantes son muy minoritarios. Y los japoneses... bueno, los japoneses son en este momento los únicos editores del mundo que no incluyen la palabra crisis en su vocabulario. Basta con verles deambular por el sector internacional del Salón de Angulema con sus sonrisas de palmo y medio para comprobar que toda la juventud del planeta se les ha rendido y tienen más ofertas extranjeras de las que pueden manejar.El llanto y el crujir de dientes entre los editores europeos se reparte democráticamente en cada edición del Salón del Cómic de Angulema. Este año les ha tocado a los alemanes ir por ahí diciendo que todo está fatal, que el modelo de álbum europeo ha perdido la batalla contra el más económico comic book norteamericano y que los malditos japoneses nos están poniendo a caldo a todos. Absolutamente a todos. Salvo, tal vez, a nuestro compatriota Daniel Torres, al que se le ve muy contento con una reciente oferta de Warner Brothers para llevar al cine las aventuras de su héroe espacial Roco Vargas.
A pesar del panorama dantesco descrito por los editores alemanes, Angulema vive estos días en plena ebullición tebeística. Las exposiciones (especialmente la dedicada al difunto guionista Jean Michel Charlier, autor de la serie del Teniente Blueberry) es tán muy bien. Las dos carpas del recinto soportan la entrada masiva de profesionales, curiosos y genuinas manadas de niños tocados con un gorrito de cartón como el del Botones Spirou. Francia aporta algunas novedades de interés (una nueva aventura de Adèle Blanc-Sec, de Jacques Tardi, por ejemplo); la industria local asegura que 1994 no ha sido tan malo como 1993; la producción de álbumes sigue siendo más nutrida que la española... pero nadie puede evitar tener la impresión de que el concepto europeo de la historieta para adultos no tiene las de ganar en los tiempos que corren toda una generación criada no con Tin-Tin, sino también con Dragon Ball, puede llevar a un futuro no demasiado alentador.
Europa tiene una gran parte de culpa en todo esto. Se nota cada año en Angulema, viendo que muchos dibujantes fabrican cada día menos tebeos y prefieren dedicarse a la ilustración, la serigrafía o el librito de lujo.
Esta tarde se otorgan los premios tradicionales del salón, los Alph'Art, y no hay claros favoritos. Tal vez España e Italia no hayan brillado excesivamente en 1994. Puede que Alemania se esté yendo realmente al garete. Pero la producción francesa, salvo contadas excepciones, resulta de una mediocridad alarmante.
Babelia
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