Conmoción en Italia por el deterioro de un ex ministro encarcelado
La imagen de Francesco De Lorenzo, con la delgadez del que se encuentra a las puertas de la muerte y el desaliño, la mirada perdida e indiferente a flashes y objetivos del que padece una forma extrema de depresión grave, abrió ayer los telediarios italianos. Hace seis meses, De Lorenzo, napolitano de buena familia y patrimonio, ex ministro de Sanidad, era el político más odiado por haberse presuntamente enriquecido con algo tan vital para el ciudadano como son los fármacos. Hoy es la imagen de una destrucción que nadie tolera fácilmente.De Lorenzo lleva casi medio año en la cárcel, a pesar de que pagó de motu proprio varios cientos de millones de pesetas para compensar las comisiones percibidas de casas farmacéuticas, según él, para financiar el disuelto Partido Liberal Italiano (PIL) al que perteneció. Hace una semana los jueces denegaron la petición de libertad condicional basada en motivos de salud presentada por sus abogados.
Los mismos magistrados le obligaron ayer a comparecer en su juicio, en Nápoles, desestimando las alegaciones sanitarias presentadas la víspera por De Lorenzo. Pero su comparecencia fue breve, porque, a la vista de la situación del acusado, el propio fiscal pidió que pudiera abandonar la sala, arrastrando los pies y tambaleante.
La imagen de De Lorenzo favorece la campaña del primer ministro, Silvio Berlusconi, para convencer al país de que los jueces que le acusan de corrupción intentan un golpe de Estado contra su Gobierno. Berlusconi se ha dicho dispuesto a llegar hasta su proceso sin renunciar al cargo, lo que definiría una situación sin precedentes en el mundo.
La decisión de los magistrados de Milán sobre si pedir o no el procesamiento de Berlusconi no se conocerá hasta finales de año. Sin embargo, el jefe del Gobierno deberá superar antes el voto parlamentario de confianza previsto para el próximo jueces, tan pronto sean aprobados por el Parlamento los presupuestos generales.
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