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Manuel Piña fue incinerado entre jotas y sevillanas

Los restos mortales del diseñador Manuel Piña fueron incinerados ayer por la mañana en el cementerio madrileño de La Almudena. Piña, de 50 años, murió víctima del sida en la madrugada del sábado en su pueblo natal de Manzanares (Ciudad Real). El diseñador fue despedido en el crematorio a los sones, primero de una jota manchega y, después, de una sevillana rociera.

Piña era uno de los modistos más conocidos de España, a pesar del fracaso económico de su empresa a principios de los años 90. En los últimos años, se retiró a su pueblo natal junto a su madre y familia para intentar combatir los estragos de su enfermadad que él mismo aseguró padecer.

A la incineración de ayer apenas asistieron caras conocidas del mundo de la cultura. Sólo diseñadores como Antonio Alvarado y Modesto Lomba o el bailarín Joaquín Cortés, Alvarado declaró que este era el peor cumpleaños de su vida, ayer cumplía 40 años. Alvarado recordó una de las últimas veces que vió a Manuel Piña: "Recuerdo lo bien que lo pasamos. Ya estaba completamente ciego y no paró de bailar. Manuel era todavía mejor como ser humano que como diseñador". Su hermano, Felipe Piña, dijo que Manuel había luchado hasta el final "sin un mal gesto ni una mala cara".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 10 de octubre de 1994