El erotismo literario tiene poco peso en a narrativa española

Crisol reabre sus tertulias dominicales

El erotismo en la literatura española del siglo XX fue el tema que convocó ayer en la librería Crisol a buen número de aficionados a la lectura para escuchar y entrar en diálogo con Lourdes Ortíz, Marina Pino y Luis Antonio de Villena. Aunque todos coincidieron en lo escasa que resulta nuestra tradición última en este género literario, cada uno ole los autores dio cuenta de un distinto punto de vista.Marina Pino, poeta y autora de éxito con su manual humorístico Cómo montártelo por el morro, contó sus años de precoz formación erótico-literaria en los que descubrió que aquellos autores citados a pie de página escondían, además de un superior valor literario, elementos de transgresión erótica. Así, apreciando el carácter de fechoría (batalle) de la literatura erótica fue como cayó en la cuenta del valor de André Gide, Oscar Wilde o Witman y de que los manuales siempre nos roban algo. "A la perversión le ha sentado bien Almudena Grandes", dijo.

"La novela erótica española es un territorio breve", afirmó Luis Antonio de Villena. Y como toda afirmación contiene su negación, glosó después el auge de la narrativa galante en los años posteriores a la I Guerra Mundial, destacando las figuras de Felipe Trigo, Hoyos Ibinen, Joaquín Belda y Álvaro Retana. Felipe Trigo es, en su opinión, "un precursor de D. H. Lawrence, como defensor de la libertad sexual"; y Álvaro Retana, autor, entre otras obras de Local de postín (1919), "escribe erotismo moderno". Estos autores, además, eran ricos en comparación con sus coetáneos Baroja o Valle, aunque "no haya comparación en la calidad de páginas".

Lourdes Ortiz, autora del ensayo literario Camas, no traslució un particular entusiasmo por el género y prefirió definir la escritura (cualquier escritura) como un acto en sí mismo erótico. De otra parte, consideró que el erotismo en nuestra tradición, está presente en mayor grado en la poesía que en la prosa. Los 20 últimos años, afirmó, han traído junto a la normalización de la vida social la dispersión de los contenidos eróticos, lo que también es normal. Para dejar claro dónde ponía su idea de lo erótico, en literatura, citó a San Juan de la Cruz, y estimó que las cartas de James Joyce a su amante no tendrían ningún interés si no existiese el Ulises.

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