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Música para baritono

La visión que de Falstaff preparó para Verdi el libretista Arrigo Boito está más cerca de Las alegres comadres de Windsor que de Enrique IV, dos obras de Shakespeare por las que deambula Falstaff, un panzudo personaje de desbordante y sencilla humanidad que ha conquistado un puesto en la historia de la ficción universal.Verdi dispuso para Falstaff, su obra póstuma, una música de acentos nobles en la tesitura de barítono que resalta con acierto su vitalidad y su escepticismo burlón. Hasta cierto punto, como en Don Giovanni (otro seductor, y también no tenor), todos llevamos dentro algo de Falstaff. Su variada riqueza de registros ha sido extraída por cantantes tan distintos como Stabile, Hotter, Taddei, Gobbi, Evans, Fischer-Dieskau, Bacquier, Bruson, Van Dam, Pons, y aquí en Bilbao, Pola. Todos han dejado en Falstaff un trozo de ellos mismos. Como lo dejó Orson Welles en su extraordinaria película Campanadas a medianoche. Algo une al teatro, a la ópera y al cine a través de este modesto y secundario personaje que logra, por su singularidad, convertirse en protagonista.

Tal vez sea esa capacidad de fusión entre la comedia y la vida, esa sensación de que en cuanto termine el espectáculo Falstaff se reunirá con nosotros para ir a tomar un vaso de vino de la primera taberna y contarnos sus últimas aventuras.

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