Ir al contenido
_
_
_
_
Cartas al director

Lapsus

"No hace falta ser psicoanalista para darse cuenta del pequeño lapsus que el portavoz de Eusko Alkartasuna cometió con motivo de la comparecencia del señor Rubio ante la Comisión de Economía del Congreso de los Diputados. Dijo que estas situaciones no perjudican -en lugar de no favorecen- a los políticos. El sentido oculto de este tropiezo de la palabra "parece" demasiado evidente como para ocuparse de él. A pesar de ello, lo menciono porque demuestra que el creador del psicoanálisis no se equivocó: tanto los lapsus, como los chistes, los sueños y los síntomas revelan la existencia en el sujeto de un saber no sabido, que hablan de la verdad de su deseo.A primera vista, se diría que el deseo del portavoz es favorecerse de la situación creada en el Gobierno y en el país por el señor Rubio; sin embargo, la verdadera dimensión de su lapsus "sólo se debe y se puede" aclarar en la dolorosa intimidad del diván. No obstante, el lapsus en cuestión sí nos explica por qué, como sucede en tantos otros países, en España el psicoanálisis se considera démodé; por qué las obras de Freud fueron quemadas en Alemania y requisadas por la policía en Argentina (para luego ser vendidas por los mismos esbirros en los quioscos de Buenos Aires).

No me sorprendería que, en su lejana juventud política, el presidente González o los ex ministros de Economía Boyer y Solchaga hayan leído la Psicopatología de la vida cotidiana. Ello explicaría por qué, aunque de una manera más civilizada, el psicoanálisis se halla proscrito de la Seguridad Social. Que la gente aprenda a reconocer la verdad de su deseo a través de los lapsus, los olvidos o los equívocos es peligroso: puede espabilarse demasiado. Es preferible que permanezca dormida.

Archivado En

_
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_