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Cartas al director

Insulto y respeto

El que en tiempos de Góngora y de Quevedo se recurriera al insulto personal no justifica que se siga haciendo en nuestra época. Pues desde entonces ha corrido mucha agua bajo los puentes y ahora tenemos un concepto distinto de lo que significa la libertad y la dignidad del individuo y el respeto a la persona como tal persona.Si parece ser que Velázquez tenía un esclavo y hoy ningún pintor lo puede tener, no es porque no sea un Velázquez, sino porque no vive en el siglo XVII.

Todo aquel, pues, que le ría las gracias a quien recurra a la descalificación global de otra persona, viva o muerta, escritora o analfabeta, mediante una etiqueta insultante y simplificadora, por muy ingeniosa que resulte, se hace cómplice bien de los nostálgicos del franquismo (época en la que no existía el respeto a la persona), bien de los nostálgicos de los tiempos (los de Góngora y Quevedo, precisamente) en que la gente se lo pasaba en grande -gratis y sin IVA- ante el espectáculo de la quema en vivo -en directo y a la hora de mayor afluencia de público- de los disidentes. ¡Y total libertad de expresión para insultar y mandar al infierno a los judíos, a los homosexuales, a los ingleses, a los zurdos, a los cornudos e incluso a los pelirrojos!

Por favor, señores, un poco de seriedad, que no aprenderemos a ser libres si no aprendemos a respetarnos a nosotros mismos y a respetar a los demás.-

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