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Entrevista:

"El pasado siempre fue peor"

Medievalista y autor de novelas policiacas con el seudónimo de David Serafín, este galés de 57 años, especialista en el Poema de Mío Cid, es el primer profesor invitado por la cátedra creada por la Fundación Hispano-británica en la Complutense. Ahora trabaja en una historia de la Universidad española.

El historiador Ian Michael está terminando su última novela negra, 00 La muerte, un nuevo caso para su héroe, el comisario Bernal, por tierras de Madrid y Cartagena. Pero para llegar tan lejos, Michael tuvo que iniciar hace más de 30 años un viaje muy largo: nieto de mineros, partió de Gales para licenciarse en literatura española en el King's College de Londres y doctorarse después con una tesis sobre El libro de Alexandre en Manchester.Un viaje que le llevó primero a conocer Sevilla a los 19 años -"fúe como llegar a África. En la estación había una horda de gente descalza pidiendo limosna"- y, más tarde, a enmendarle la plana al mismísimo Ménendez Pidal en la interpretación del Cantar del Cid. "Recuerdo a Don Ramón con 95 años dándome ánimos para que investigase porque ¡él ya sólo podía trabajar 12 horas diarias!"

Titular de la cátedra Alfonso XIII en el Exeter College de Oxford, lan Michael se dedicará este trimestre en Madrid a impartir un curso de doctorado sobre el fondo socioeconómico de La Celestina.

Pregunta. ¿Cómo llega un galés a escribir del Cid?

Respuesta. A los nueve años aprendí latín y francés, y después estudié Románicas en Londres. Entonces el plan de estudios ofrecía opciones muy raras: química o alemán, física o español. Como no se me daban bien las ciencias, opté simpre por las lenguas y las literaturas, pero fue en Sevilla, donde viví tres meses en 1955, cuando me entusiasmé con la literatura medieval española gracias al profesor Francisco López Estrada.

P. ¿Qué impresión le causó España?

R. España era muy pobre. Sevilla fue un trauma. Encontramos justo lo que esperábamos, lo que contaba Richard Ford en sus libros de viajes. Luego fuimos a Madrid y pasamos el verano en Santander, que era otro país. En realidad, España es un conjunto de países. España ha cambiado más que cualquier otra nación europea, ahora es un país muy moderno que se ha internacionalizado de forma irrecuperable. Actualmente hay más mendigos en Londres, y más agresivos. El pasado siempre fue peor y lo digo como medievalista.

P. ¿Qué distingue al Poema del Mio Cid de otras epopeyas europeas?

R. Es chocante el papel de las mujeres, que tienen una importancia en la trama impensable en otros poemas épicos europeos; y luego el realismo económico, la idea de ganarse el pan venciendo a los moros.

P. ¿Qué opinión tiene de la universidad española?

R. No importa el sistema universitario de un país para que surjan cabezas en la investigación. El problema es la masificación. Un campus como el de la Complutense, con 132.000 estudiantes, es un horror. Nunca he trabajado en campus de más de 12.000 alumnos. A ellos se añade la escasa relación profesor-alumno. En Inglaterra la media actual es de 15 alumnos por profesor y el Gobierno conservador la quiere aumentar a 20. Las clases convertidas en conferencias no tiene sentido. El profesor tiene que estar en el filo de la investigación porque, si no, la universidad se convierte en un colegio.

P. ¿Votó contra la concesión del doctorado honoris causa a Margaret Thatcher por la univesidad de Oxford en 1985?

R. Estaba en Madrid entonces, pero hubiera votado en contra. Oxford perdió muchos fondos para investigación. Conocí a Margaret Thatcher y cuando le protesté por el posible cierre de 14 departamentos de español me dijo: "No se preocupe usted, que dentro de muy pronto todo el mundo hablará inglés". El thatcherismo tenía una agenda oculta: a todas las instituciones que no controlaba, el Gobierno les quitaba el dinero para acabar con su poder. Fue una mala década. Casi suprimió los sindicatos y destruyó el poder sociopolítico de las universidades. El actual Gobierno conservador carece de ideas, le falta moral y le sobra arrogancia e hipocresía. Confío en que con el tiempo se produzca una alianza entre liberales y laboristas.

P. ¿Cómo ve la actual polémica con el catalán?

R. Empecé a aprender catalán en Oxford hace seis años y como galés tengo simpatía por los sentimientos catalanes. Hablé galés de niño y aprendí inglés en la calle. Viví el problema galés hasta los 18 años. El lenguaje es poder y el que tiene las dos cosas no puede ser derrotado, como lo entendieron muy bien los Reyes Católicos y el propio Franco. Lo que ocurre es que el catalán es un fenómeno nunca visto en Europa, una excepción absoluta. Su desarrollo ha ido unido al poder económico catalanista. Y no tiene solución fácil.

P. ¿Quién es el comisario Bernal?

R. El protagonista de mis seis novelas, editadas en España por Grijalbo. Son novelas de procedimiento policial. Mi modelo es Georges Simenon, pero donde él pone psicología yo pongo política. El comisario Bernal es un hombre mayor, desengañado, casado con una mujer franquista y que comparte un piso secreto con una amante joven. Lleva una doble vida entre las dos Españas, la antigua y la nueva.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de marzo de 1994

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