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Las manos atadas de Izetbegovic

El Gobierno bosnio, que cuenta con el mayoritario respaldo internacional en la guerra civil que le enfrenta a sus verdugos serbios, ha visto reducidas sus opciones en los últimos días, a medida que el gran juego diplomático en torno a este país se ha ido trasladando muy lejos de donde ocurre la tragedia. El rumbo del conflicto tiene ya muy poco que ver con Sarajevo y mucho, en cambio, con Washington y Moscú.El mayor logro del presidente bosnio radica en haber sido capaz de proyectar Sarajevo hacia el mundo, de hacer que su capital -con la inestimable colaboración del salvajismo de Radovan Karadzic y su gente- se convierta en un emblema de la mala conciencia occidental. El anuncio de la intervención de la OTAN, con sus eventuales consecuencias militares y diplomáticas, ha sido posible, en parte, por el malestar insoportable provocado entre las opiniones públicas más influyentes por lo que aquí ocurre.

Pero poco más fuera de ahí. Izetbegovic, un hombre a quien 11 años de cárcel han enseñado la paciencia, ferviente nacionalista musulmán que se desvive por controlar cada hilo del poder, tiene las manos atadas por fuerzas de mucho mayor calado que sus proclamadas aspiraciones.

El presidente y fundador del Partido de Acción Democrática (SDA, en el poder) y los dos hombres que junto a él lo controlan todo -el primer ministro Haris Silajdzic, más popular que Izetbegovic, y Ejup Ganic, miembro de una presidencia colegiada de siete- son acusados por los partidos de la oposición de haber renunciado definitivamente a una Bosnia-Herzegovina multiétnica y pluricultural, para contentarse con un simbólico Estado musulmán.

En esta Bosnia tripartita (musulmana, serbia y croata) que se perfila a trancas y barrancas en las negociaciones de Ginebra y que en la práctica significaría la renuncia definitiva al modelo a que Izetbegovic dice aspirar, la viabilidad del miniestado musulmán sería imposible sin una salida garantizada al mar Adriático. Y tampoco sobre este punto fundamental se ha dicho la última palabra.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 20 de febrero de 1994