Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

15.000 árboles sepultarán lo que fue un gran cerro de escombros

El degradado y tétrico Cerro de la Cantueña, ubicado entre Fuenlabrada y Parla, cambia de aspecto. Este monte, de primido y cargado de desperdicios, se transformará en un inmenso parque con los trabajos que en este mes emprende el Gobierno regional y los ayuntamientos de la zona. Los 100 millones de toneladas de ver tidos almacenados en sus laderas serán enterrados en gigantescas fosas. Sobre ellas emergerán 15.000 árboles. "Pretendemos crear la Casa de Campo II en el sur", afirmó el responsable autonómico de la operación, Ramón Tasende. La iniciativa cuesta 1.200 millones de pesetas y cuenta con el beneplácito de la Unión Europea.Durante los últimos 20 años, miles de camiones han ido arrojando ilegalmente los vertidos en una montaña conocida con el nombre de Cerro de la Cantueña. Esta catástrofe natural se puede divisar desde cualquier parte de la zona sur. La colina de desperdicios ha crecido hasta alcanzar una altura similar a la de un bloque de 14 pisos y una superficie de 68 hectáreas.

Hace seis años se diseñó la creación de un bosque en las faldas del cerro. Ahora el proyecto se ha cerrado contemplando la recuperación ecológica de toda la montaña, que presenta un estado decadente. En sus laderas se almacenan actualmente 100.000 metros cúbicos de residuos, que desaparecerán en dos meses.

La Comunidad, a través del Consorcio de La Cantueña, abrirá varias fosas gigantescas para enterrar los vertidos. Hay dos tipos de desechos almacenados: inertes y urbanos. Según Tasende, se ha analizado este material y se ha descubierto que no hay desperdicios tóxicos o contaminantes. "No obstante, hemos tomado la previsión de sellar los residuos inertes con una capa especial para evitar cualquier secuela negativa". El transporte de las 100 toneladas de vertidos se llevará a cabo en un plazo de 60 días. Una vez trasladados se limpiarán los terrenos y se iniciará la plantación de 15.000 árboles, principalmente especies autóctonas (pinos y eucaliptos) que no necesitan mucha agua.

En la zona se instalarán varios viveros para cuidar del mantenimiento de la vegetación. Además de la vida vegetal, habrá animales que serán repoblados por los grupos ecologistas y por la Agencia del Medio Ambiente.

En la cumbre del futuro bosque se levantará un centro de difusión ambiental y una escuela de agentes forestales.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de noviembre de 1993